Para el verano te espero, pollo tomatero.
Bueno es caer para más valer.
Cuando me dan lo que quiero, tengo un genio como un cordero.
No confíes del peón que tiene las manos finas.
Lo que sea de la mar, todo es azar.
Existe una única libertad: la verdad. Existe una única esclavitud: la mentira
Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería.
Quien sobre tarja bebe, lo bebido lo mea y lo meado lo debe.
El pobre y el cardenal, todos mueren por igual.
Cuando el hombre más tiene, más quiere.
Fiambre y fiado, saben bien, pero hacen daño.
Con pretexto de amistad, muchos hacen falsedad.
Fruta de huerta ajena, es sobre todas buena.
A Roma por todo.
El empezar es el comienzo del acabar.
Estudia y no serás cuando crecido, el juguete vulgar de las pasiones, ni el esclavo servil de los tiranos (Abel Vera Simbort)
Cada cual a lo suyo.
Mujer pecosa, mujer hermosa.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
Vale mucho más morir intentándolo que vivir toda tu vida lamentándolo.
Más vale buen amigo que pariente ni primo.
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
Si los dos esposos son gastadores, la casa se quema por los cuatro costados.
A falta de corazón, buenas las piernas son.
Jurar como carretero.
El buen tienpo y el mal tiempo están dentro de nosotros, no fuera.
El que no tiene quehacer desbarata su casa y la vuelve a hacer.
Lo bailado nadie me lo quita.
Cuenta y razón conserva amistad.
Nadar, nadar, y a la orilla ahogar.
A quien gana buscaras, que quien pierde, él volverá.
Año lluvioso, échate de codo.
¡Una sopa de tu propio chocolate!.
Arreboles al oriente, agua amaneciente.
Se toca con los ojos y se mira con las manos.
El sabio habla de las ideas, el inteligente de los hechos, el vulgar de lo que come.
Mejor es resignarse que lamentarse.
Cuando el tecolote canta el indio muere, esto no es cierto pero sucede.
No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que los aguante.
El hombre rico se cree sabio, pero el pobre inteligente le hará el examen.
El que dice lo que no debe, oye lo que no quiere.
No te fíes del sol del invierno.
Abriles y jornaleros, pocos de buenos.
Nuestras buenas y nuestras malas acciones nos siguen casi como una sombra.
A nadie has de decir cuánto tienes, dónde lo tienes, ni adónde piensas ir.
Cuando en invierno vieres tronar, vende los bueyes y échalo en pan.
No vence, quien es valiente, si peca por imprudente.
Las paredes tienen oidos.
Las cerezas con rabo, y si no en el árbol.
La herida causada por una lanza puede curar, pero la causada por la lengua es incurable.