El fuego de la leña verde proporciona más humo que calor.
No fío, porque pierdo lo mío.
A mal viento va esta parva.
Hombre ocioso, hombre peligroso.
A lo hecho, pecho.
Cuando se pide con fe no hay mujer que no lo dé.
Buena olla y mal testamento.
Panojal que embarba, garojo que desgrana.
Saber callar es una prueba de sabiduría que buscan pocos hombres.
La sardina y el huevo a dedo.
El que a los suyos menosprecia, a sí mismo se desprecia.
Capa de pecadores es la noche, señores.
No merma el daño el ser muchos a llorarlo.
Cuando el tiempo se muda, la bestia estornuda.
El cuerpo eterno del hombre es la imaginación
Infierno y gloria, dos nombres en discordia.
De pena murió un burro en Cartagena.
El arco al poniente, desunce los bueyes y vente.
A perro viejo no hay tus tus.
Trato es trato.
Al amo comerle y no verle.
Mala señal es para la moza cuando la llaman señora.
No hay madre como la de uno mismo.
Hay gente tan lista que se pierde de vista.
El que todo lo niega, todo lo confiesa.
El que come y deja, dos veces pone la mesa.
Andarse por las ramas.
Maderos hay que han dicha, maderos hay que no; de unos hacen santos, y de otros carbón.
La rubia de la panadera, que con el calor del horno se quiere poner morena.
Dios da, nunca vende.
Del mal paño nunca hay buen sayo.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
Llueve sobre mojado.
Una pizca de discreción vale más que un manojo de conocimiento.
A tu enemigo fallecido, perdón y olvido.
Lo que escatimes a tu mujer, no lo gastes en beber.
La ley es como la tela de araña, atrapa los bichos chicos y deja pasar a los grandes.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Nunca me arrepentí de lo que no dije.
Mete al gato en el garbanzal, que él dirá la verdad.
Escucha lo que ellos dicen de otros, y sabrás lo que ellos dicen de ti.
Cuando el hambre da calor, la batata es un refresco.
Cuando llueve de tramontana, llueve con gana.
No hay mejor remiendo que el de la misma tela.
El hombre sabio instruye sin utilizar las palabras.
¿Cómo amaneciste ? Pues bien, ahí acostado.
Aqueste tu apetito baja, que con vejez o muerte, todo pasa.
Dios te guarde de tahonero novel y de puta de burdel.