Al amigo y al caballo, no hay que cansarlos.
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
Desde que se inventaron las excusas, se acabaron los pretextos.
Jugando a las verdades, descúbrense las puridades.
El que rompe, paga.
Nota: también atribuida a Arthur Rubinstein
A un hombre rico, no repares si es feo o bonito.
A la mujer y a la guitarra, hay que templarla para usarla.
Díjome mi madre que porfiase, pero que no apostase.
A la que tenga más de treinta no la pretendas.
Orden y contraorden, desorden.
El rocín a la crin, y el asno, al rabo.
Quien tenga coraje, que no se rebaje.
Quien dio lo suyo y en morir tarda, merece morir con albarda.
Mal agüero, antes las berzas que el granero.
Quien para ir a rezar duda entre dos mezquitas, terminará por quedar sin rezar.
Doblada es la maldad que sucede a la amistad.
El que a hierro mata, no muere a monterazos.
Ten el valor de la astucia que frena la cólera y espera el momento propio para desencadenarla
Si la locura fuese dolores, en cada casa, habría voces.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
Miraste a la luna pero te caíste en el arroyo.
El que quiere baile, que pague músico.
El ladrón sin ocasión para robar, se cree un hombre honrado.
Quien más ama más gasta; quien mucho acumula mucho pierde
No comáis caldo de habas, que hace a las mujeres bravas.
Jugar a las cartas vistas.
El vino con el amigo.
Quien en ti se fía, no le engañes.
No necesito niguas para ser tishudo.
La riqueza del rico es su baluarte; la pobreza del pobre es su ruina.
Un día en prisión es como mil otoños fuera.
El tiempo es oro.
Se habla de buenas acciones sin llevarlas a cabo y se hacen buenas acciones sin hablar de ellas
Casa con azotea, ladrón la asalta.
Abad, judío y madona, jamás perdonan.
Bromas pesadas solo al que las da le agradan.
Reniego de caballo que se enfrena por el rabo.
Madre dispuesta, hija vaga.
Viejo que paga compañía, mantiene tres casas en un día.
Haz lo que haces.
Quien se va, como muerto está, y pronto se le olvidará.
Si quieres conocer a un hombre, no le mires; óyele.
Madre acuciosa, hija vagarosa.
Tenés cola que te machuquen.
El que se queja, sus males aleja.
Amigo viejo para tratar y leña seca para quemar.
No hay mujer que no lo de, sino hombre que no lo sepa pedir.
Arremangóse mi nuera, y volcó en el fuego la caldera.
Hace más la raposa que la curiosa.