Dice Salomón: da vino a los que tienen amargo el corazón.
Las personas que tienen muchas faltas, son las que más critican a otros.
Las llamas se elevan más cuando cada uno les echa leña.
Cada cual habla según como le fue en la feria.
Esperar salud en muerte ajena es condena.
A mocedad viciosa, vejez penosa.
Bonitas palabras al más listo engañan.
Cada raposa mira por su cola.
La oveja y la abeja, por Abril sueltan la pelleja.
A las veces, do cazar pensamos, cazados quedamos.
Sirve a señor noble, aunque sea pobre.
Por Santa Marina siembra tu nabina; yo que lo sé, por San Bartolomé.
Labor de Mencia, murmurar de noche y holgar de día.
El que peca de modesto, es tirado en un cesto.
A padre ahorrador, hijo gastador.
Huéspedes vendrán que de casa nos echarán.
Dios hizo la curación y el médico se llevó los agradecimientos.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
El tiempo es como tu bolsa: no la pierdas y tendrás suficiente
Brindo y bebo, y me quedo convidado para luego.
La montaña es pesada, pero una mariposa levanta a un gato en el aire.
No hay mañana que deje de convertirse en ayer.
No hagas a otros lo que no quieres que hagan contigo.
Dos cojos nunca se miran con buenos ojos; y dos bizcos, con más motivo.
No te acompañes ni de amigo lisonjero ni de fraile callejero.
Fiar del mozo y esperar del viejo, no te lo aconsejo.
Un copo de nieve no puede existir en una tempestad del fuego.
Ni hombre que ralla, ni asno que brama.
A mal pisto, buena sangre de Cristo.
A braga rota, compañón sano.
Qué pacaya te echaste encima!
Nada contra la corriente.
A hija casada, los yernos a la puerta.
Nada resulta más difícil que vivir con sencillez
Pan de mi alforja, como el no me falte, todo me sobra.
No me digais que un gran hombre no llora nunca. Un gran hombre llora, pero sus lágrimas son furtivas.
Juegan los burros y pagan los arrieros.
Reniego de plática que acaban en daca.
Cuando te convida el tabernero, te convida con tu dinero.
Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo.
El que da sin que otros den, es vanidad; el que quiere que los otros den sin él dar nada, es avaricia; el que da y desea que los otros den también, es caridad; el que no quiere dar ni que se le de, es dureza.
Hacer favores, empollar traidores.
El juego pone a prueba el oro, y el oro pone a prueba el juicio.
Buena vida, arrugas tiene.
De casta le viene al galgo.
Juanes y burros, en cada casa suele haber uno.
Después de que el barco se ha hundido, todo el mundo dice que sabía cómo se hubiera podido salvar.
Los hombres dan a los amigos la alegría, y a sus mujeres, la murria
Lo pasado, pasado, y lo mal hecho, perdonado.
Nunca con menores, entables amores.