Esto es el pan nuestro de cada día.
Quien llega tarde a la fiesta, no logra cena ni orquesta.
El sueño y la muerte hermanos parecen.
A quien te hizo una hazle dos, aunque no lo mande Dios.
El nuevo paga novicial.
No hay gato que no tenga uñas.
La esencia fina en frasco pequeño se vende.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
El movimiento se demuestra andando.
El asno que se cree ciervo, al saltar se despeña.
El hombre propone y Dios dispone; viene la mujer y todo lo descompone.
El hijo de la cabra, de una hora a otra, bala.
Amor sin plata, no dura.
Los cántaros que más suenan son aquellos que están vacíos.
Quien más ama más gasta; quien mucho acumula mucho pierde
Cartera y reloj, el sueño del ladrón.
Para mejor pasar la vida, tener esposa y querida.
A la prima, se le arrima.
Rectificar es de sabios.
La suerte no se detiene, y es péndulo que va y viene.
A los pendejos ni Dios los quiere.
Al enemigo, ni agua.
Variante: Ver para creer y para no errar, tocar.
Es peor un tropezón de la lengua que de los pies.
La voz de un gallo se parece a la de otro gallo.
El que nació para buey desde chiquito berrea.
Es viejo, pero no pendejo.
El que tiene capa, escapa.
Fue a santiguarse, y sacóse un ojo.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
El que en mentira es cogido, cuando dice la verdad no es creído.
La buena obra, ella misma se loa.
La inteligencia es como los calzones, hay que tenerla pero no hay que mostrarla.
Mujer sin hijos jardín sin flores.
No estés jugando en el bar si has de plantar el melonar.
Si quieres criarte fino y hermoso, buen vino y mucho reposo.
Todo lo que vivimos es digno de ser vivido.
Al amigo falso, tómelo el cadalso.
Pocos llevan al santo y muchos lo arrastran.
Por la panza empieza la danza.
Con quien te vi te comparé.
Una regla tiene el juego, para siempre ganar: no jugar.
El hombre es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla.
La miel no se ha hecho para la boca del asno.
A quien de bailar tiene gana, poco son le basta.
El que tenga la cola de zacate, que no se acerque a la lumbre.
Caer está permitido. ¡Levantarse es obligatorio!.
Aunque te veas en alto, no te empines, porque es condición de ruines.
Como es la mujer, así es la casa.
La felicidad de una casa tranquila se valora cuando la paz deja de existir