El que en casarse acierta, en nada yerra.
La muchacha que es bonita, afeites no necesita.
Chimenea nueva blanca unos días, y al cabo negra.
Septiembre sereno, ni malo ni bueno.
Clérigos, frailes y pardales, son malas aves.
Una palabra bondadosa puede calentar tres meses de invierno.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
Quien casa con mujer bella, de su honra se descasa.
La oración de Zumaque: para trbajar no te mates.
Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
Maldiciones de putas viejas, no comprenden mis orejas.
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
Quien siembra llorando, siega cantando.
Cuando los calvos mueren, la nostalgia los convierte en cabezas rizadas.
Pasear llevando sobre los hombros una carga
A la leche, nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡déjate caer, valiente!.
Compañía no engañosa, yo y mi sombra.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Quien en Febrero no escarda, ¿a qué aguarda?.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Más bien libre en el extranjero que ser un esclavo de regreso en casa.
Se necesitan dos para empezar una pelea.
Mucha agua en la otoñada, poco trigo y menos cebada.
Cacarear y no poner, si malo en la gallina, peor en la mujer.
Nadie tropieza mientras está acostado en la cama.
Ir y no volver, es como querer y no poder.
El dolor embellece al cangrejo.
Marido celoso, viejo mañoso.
Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo.
La curiosidad mató al gato.
La mujer y la gallina, hasta casa de la vecina.
Al erizo, Dios le hizo.
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
Noche toledana. (Irse de farra).
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
En apurada ocasión, haz de tripas corazón.
A ti te digo hija, para que entienda la hijastra.
Joven es quien está sano aunque tenga ochenta años, y viejo doliente, aunque tenga veinte.
Las palabras son enanos; los ejemplos son gigantes.
Los ojos se han hecho para ver, las manos para tocar.
Riquezas con sobresaltos, miserias las llamo.
Febrerillo loco, un día peor que otro.
A quien feo ama, bonito le parece.
Quien canta, su mal eta.
El aburrimiento es el mejor enfermero
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
A la bota, darla el beso después del queso.
La boca que no habla se escucha con dulzura.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.