Rebuznos de asno no llegan al cielo.
El llanto alivia el quebranto.
Hay desgracias con suerte.
Mano cuerda no hace todo lo que dice la lengua.
El que anda con un cojo, si al año no cojea, renquea.
A la orilla del río te espero, galapaguero.
Buen alzado pone en su seno, quien escarmienta en mal ajeno.
Carnero, hijo de oveja, no yerra quien a los suyos semeja.
Padre menguado quien de unos hijos hace hijos y de otros entenados.
El guayabo más le asienta, a aquel que paga la cuenta.
Cuando el niño dienta, la muerte tienta.
Llámome carrasco y donde me pica me arrasco.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
Por los ojos entran los antojos.
A viña vieja, amo nuevo.
Ciertas son las trazas, después de las desgracias.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
De cuando en cuando, al desgaire, echa una canilla al aire.
Agua de llena, noche de angulas.
El que no tiene quehacer desbarata su casa y la vuelve a hacer.
Sobre brevas, ni agua ni peras.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Chico hoyo hace el que se muere apenas nace.
Todos los extremos son malos.
Lo dicho, dicho está.
Lo que hay en España, es de los españoles.
Échale guindas a la tarasca y verás como las masca.
A quien le pique el alicante, que llamen al cura que le cante.
Los encargos con dinero no se olvidan.
Al ausente y el muerto, ni injuria ni tormento.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
Al año caro, armero espeso y cedazo claro.
Si vives en mi corazón, viviras gratis.
Al mal dar, tabaquear.
Alcaraván zancudo: para otros consejo, para ti, ninguno.
El que tiene boca, se equivoca, y el que tiene culo se pee.
De lo bonito a lo bueno, hay trecho.
En la tierra de los ciegos, se disputaban la corona un bizco y un tuerto.
Un copo de nieve nunca cae en el lugar equivocado.
Abad y ballestero, mal para los moros.
Amor de asno, coz y bocado.
Se vuelve amargo el vino si no se tiene con quien brindar.
Daños, engaños y desengaños, frutos son de los años.
Quien una vez fue ladrón, reincide si halla ocasión.
Hay gente bien, en la lata, y mucho guache con plata.
Dos amigos de una bolsa, el uno canta y el otro llora.
Al pez, una vez.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
El que ofende escribe en arena; el que es ofendido, escribe en marmol.
Las cañas se vuelven lanzas.