Los padres todo lo deben a sus hijos.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
El que vale para trasnochar no vale para madrugar.
No hay secreto si tres lo saben.
La Luna no es de queso ni se come con melao.
El cielo me ha designado para gobernar a todas las naciones, porque hasta ahora no ha habido orden sobre las estepas
Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta.
Cantó el pajarillo y descubrió su nidillo.
Guárdate de robar al oprimido y de robar al incapacitado. No hurtes la palabra del anciano. Al que obra mal, su orilla del río lo abandona, y su crecida le arrebata; el trueno es fuerte y los cocodrilos perversos.
Más vale gordo que dé risa que flaco que dé lástima.
Moza ventanera, o puta o pedorrera.
Fraile de buen seso, guarda lo suyo y guarda lo ajeno.
Las palabras son femeninas, y los hechos son machos.
Donde hay leyes, hay trampas.
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Vaca de muchos, bien ordeñada y mal alimentada.
Cuando uno no quiere, dos no barajan.
La reunión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre.
Abril, uno bueno entre mil.
El que a las once no ha “bebío”, viene el Diablo y le dice: “Esto es mío.”.
El que a todos saluda, pronto rompe su cabeza.
Cobre gana cobre, que no huesos de hombre.
Más pobre estoy que puta en cuaresma.
Una deuda, veinte engendra.
La muerte y el amor, enamorados son.
El que se casa fuera, o la trae o la lleva.
A donde te quieran mucho, no vayas a menudo.
A cuenta del tío rico trabajaba Perico.
No hay mañana que deje de convertirse en ayer.
Si bien canta el abad, no le va en zaga el monacillo.
Más discurre un enamorado que cien abogados.
El ruin buey, holgando se descuerna.
Buen vino y buena tajada y no apurarse por nada.
Si las palabras de salida son hermosas, entonces las palabras entrantes serán muy bonitas.
A falta de olla, pan y cebolla.
Tu mujer te pedirá disculpas cuando la luna se caiga.
Cuando se enciende el pajar viejo, más arde que el nuevo.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
El beber es el placer, y el pagar es el pesar.
Quien hila y tuerce, bien lo merece.
El hombre en la plaza, la mujer en la casa.
Reloj y campana, muerto mañana.
El que va a un entierro y no bebe vino, el suyo le viene de camino.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
A quien te deja en cuita, no lo quieras en trebejo.
El casado por amor vive vida con dolor.
El bien hacer abre cien puertas, y el mal agradecer las cierra.
A caballero nuevo, caballo viejo.
Cada cual es hijo de sus obras.
El corazón manda en los ojos, y les hace trampantojos.