La soga se rompe por lo más fino.
A quien no la teme, nada le espanta.
Cuando los santos hablan, licencia de Dios tienen.
Igual me da estar arriba que abajo, si soy el que trabajo.
Al nopal lo van a ver solo cuando tiene tunas.
No me quieras dar gato por liebre.
El hijo de la cabra, de una hora a otra, bala.
Cama de novio, dura y sin hoyo.
Llevando lo que todos llevan, no harás moda nueva.
La madurez solo se vive una vez.
Nada sienta mejor al cuerpo que el crecimiento del espíritu.
Estar en ayunas no mata, pero la glotonería sí.
Quien no anda despierto, lo toman por muerto.
Niños y viejos, todos son parejos.
Esta bien; pero podría estar mejor.
Una manzana cada día, de médico te ahorraría.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
De esta vida sacarás lo que disfrutes nada más.
Obra acabada venta aguarda.
El avariento nunca está contento.
Centavito a centavito va llenándose el cochinito.
Una regla tiene el juego, para siempre ganar: no jugar.
Amor hecho a la fuerza no vale nada
Perro que ladra no muerde.
A buen comedor, quitárselo de delante.
Al mal encuentro, darle de mano y mudar asiento.
Por más que oigas consejos no te haras más rápido viejo.
A borrico desconocido, no le toques la oreja.
Líbrame Dios del mal duro, que del leve yo me curo.
La soga quiebra por lo más delgado.
¡Qué bien dijo aquel que dijo, cuando dijo lo que dijo!
El interés mata la amistad
Nadie se hace calvo en un rato, sino paso a paso.
El que canea, no calvea.
Indio comido indio ido.
Detrás de los picos van los chicos.
Nota: San Bernardino es un asilo de Madrid.
Quien hijos ha, no reventará.
El buey solo bien se lame.
Quien miente, no habla lo que siente, sino lo que quiere.
Parva trillada, parva beldada.
Amigo beneficiado, enemigo declarado.
La tontería se sitúa siempre en primera fila para ser vista. La inteligencia, por el contrario, se sitúa detrás para observar.
Haces mal, espera otro tal.
A gran calva, gran pedrada.
La mujer en el amor es como la gallina, que cuando se muere el gallo a cualquier pollo se arrima.
No hay moros en la costa.
Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.
Variante: Dejar de comer por haber comido, no hay nada perdido.
Tragando aunque sea saliva.