La casa del que se burla, acaba incendiándose.
Mal año espero si en Febrero, anda en mangas de camisa el jornalero.
Escucha el silencio... que habla.
Llevar y traer, de todo ha de haber.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
Al hambre de siete días, no hay pan duro.
Mejor es el pan cuando el corazón está dichoso, que riquezas con pesadumbre.
Quien sobre tarja bebe, lo bebido lo mea y lo meado lo debe.
Bien está lo que bien acaba.
Por la víspera se conocen las fiestas.
Al mal tiempo, alpargatas blancas.
La suerte de la fea, la bella la desea.
Alegría en la villa que hay berenjenas en la plaza.
Donde una cabeza grana, otra es vana.
Antes di que digan.
Todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde.
Del monte sale, con que se arde.
¿De que vas, Santo Tomas?
Ya me llenaste el taco de piedritas.
La mucha tristeza sueño acarrea.
Felicidad de hoy, dolor de mañana
Ni mesa sin vino, ni sermón sin agustino.
No amamos a una mujer por lo que dice, amamos lo que dice porque la amamos.
Casa en esquina, o muerte o ruina.
¿Qué mayor delito que la pérdida de tiempo?
Bolsa, mujer y espada, no quiere andar prestada.
A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.
De lo que ganes, nunca te ufanes; y de lo que pierdes, ni lo recuerdes.
Al alba de puerco, que da el sol a medio cuerpo.
El encanto de la mujer puede más que el coraje del hombre
Pan, vino y mujer, si han de ser buenos, de Toledo han de ser.
No le falte tabaco ni vino a quien hace camino.
Untar la carreta para que no chirrié.
Sé dueño de quien no te ama y esclavo de quien te ama
Del buen vecino sale el buen amigo.
Zamarras y sermones no son para el tiempo de calores.
Bárbara reina, bárbaro gusto, bárbara obra, bárbaro gasto.
Mucho vuelo el viento, pero más el pensamiento.
Hasta una aguja, caída, bien paga la recogida.
Las buenas fuentes se conocen en las grandes sequías; los buenos amigos, en las épocas desgraciadas.
El servil es tu enemigo, tu amigo debatirá contigo.
Buen moro, o mierda u oro.
El agua para un susto y el vino para un gusto.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
La leña del cerezo, salta a la cara del viejo.
Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
Siembra por San Lorenzo los nabos, y llenarás el carro.
La hierba no crece en el camino que une las casas de los amigos.
El tono afectuoso cautiva el oido.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.