No hay mañana que deje de convertirse en ayer.
Quien baila, de boda en boda se anda.
A la de tres va la vencida.
El llanero es el sincero, y del serrano ni la mano.
Muy amigos, pero el borrico en la fermoso.
Casa mía, casa mía, por pequeña que tú seas me parece una abadía.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
Buenas noches y buenos días, y tú en tu casa y yo en la mía.
Cada maestrillo, tiene su librillo.
Zorro dormilón no caza gallinas.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
El café, en taza, y los toreros, en la plaza.
El uno por el otro la casa sin barrer.
Renegad de viejo que no adivina.
Tiempo que se va, no vuelve más.
El vino como el rey, y el agua como el buey.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
Cuando aquí nieva, ¿qué hará en la sierra?.
A la orilla del río te espero, galapaguero.
Gorrino, cochino y marrano, todos hermanos.
Guárdame de aquel en quien tengo puesta mi confianza, que de quien desconfío, me guardaré solo.
Pájaros del mismo pelo juntos emprenden el vuelo.
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
El que a mi casa no viene, de la suya me despide.
El viejo por no poder y el mozo por no saber, dejan las cosas perder.
Aramos, dijo la mosca al buey.
Quien te adula, te traiciona.
Cuando el gato se va, los ratones dirigen el kolo.
La amante que te concede su cuerpo y no su corazón, te regala rosas sin espinas.
Si quieres hacer reír a Dios, ¡Cuentale tus planes!.
¡Mira que dicha, perder el asno y encontrar la cincha!.
Si el trabajo enorgullece, recuerda que el orgullo es pecado.
Donde hay hambre no hay tortilla mala.
Bebo lo tinto y meo lo claro.
Tira en pleno Nilo al hombre afortunado, que volverá a salir con un pez en la boca.
Del árbol caído, todos hacen su asiento.
Detrás de la tormenta brilla el sol.
Cuando canta la rana, buena semana.
En casa del pobre, todos riñen y todos tienen razón.
Soñaba el ciego que veía y soñaba lo que quería.
Oculta el bien que haces, imita al nilo que oculta su fuente.
Por San Blas, higuera plantarás e higos comerás.
El borracho valiente se pasa del vino al aguardiente.
Hasta el más santo tiene su espanto.
Date buena vida, temerás más la caída.
Cuando el Diablo envejeció, a santero se metió.
Vive de tal suerte, que ni te encante la vida ni te espante la muerte.
Comamos lo tuyo, bueno y santo, que de lo mío no tengo hambre.
Al amor lo pintan ciego y con alas, ciego para no ver los obstáculos, con alas para salvarlos.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.