Con putas y frailes ni camines ni andes.
¿Qué necesidad hay de dar los cuartos al pregonero?.
Bocado de pan, rajilla de queso y a la bota un beso, hasta la cena te tendrán en peso.
Pajarico que escucha el reclamo, escucha su daño.
Más vale mendrugo que tarugo.
Más vale dar a ruines que rogar a buenos.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
Aun si el camino es conocido, pregunta.
Hace más la raposa que la curiosa.
Quien tiene poco que ponerse, rápido está engalanado.
Quien va despacio y con tiento, hace dos cosas a un tiempo.
El hilo siempre se corta por lo más delgado.
No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila.
Quien en un año quiere ser rico, al medio le ahorcan.
El amor habla incluso con los labios cerrados
Tiempo de grajos, pueden ser más los de arriba que los de abajo.
Madre dispuesta, hija vaga.
Mi casa, mi mesa, y mi mujer, todo mi mundo es.
Cuando al palomo veas en el agua, coge las botas y el paraguas.
Que todo es ilusión menos la muerte.
Malos humores salen con buenos sudores.
Buen atiento, poner la capa según viniere el viento.
Casa y potro, que lo haga otro.
El avaro desollaría a un piojo para obtener su piel.
Mientras vas y vienes, por el camino te entretienes.
Acuéstate sin cenar y amanecerás sin deuda.
No importa que en el valle haya sombras, si en la montaña brilla el sol.
Todos estamos de visita en este lugar. Solo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar, y volver a casa.
No llores como mujer, lo que no has podido conseguir como hombre!
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
Ninguno se embriaga del vino de casa.
Quehacer trabajoso, quita alegría y reposo.
En bote pequeño la buena mermelada.
Hiérese el cuerdo, porque no se ahorque el necio.
Los castellanos tienen más lengua que manos.
Avellana vana, rompe los dientes y no quita la gana.
La comprensión siempre llega más tarde.
Come Juan Gómez, que de lo tuyo comes.
No tengáis en cuenta lo que vuestro corazón dice sobre la almohada
La rana no puede pensar en el renacuajo como un enemigo.
Una visita larga, ¿a quien no carga?.
La mujer casta esta siempre acompañada.
Más de uno conservaría sus bienes si hubiese sabido que el agua también apaga la sed
Al que quiera celeste, que le cueste.
El hijo de la cabra, de una hora a otra, bala.
Paciencia, hermanos y moriremos ancianos.
Las mejores correas son las cortadas del cuero ajeno
Obra de mal cimiento, la derriba el viento.
Lo que sea de la mar, todo es azar.