Echar por el atajo no siempre ahorra trabajo.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Más vale comer pan con amor, que pollo con dolor.
En la curtiembre todos los bueyes son vacas.
Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines.
¿De dónde eres, hombre?. De la aldea de mi mujer.
Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.
Labranzas de aguja, ni valen más que las de pluma.
Ilusión es para un calvo tener en su calva algo.
Quien casa una hija, gana un hijo.
Madrastra, madre áspera.
Si tú entiendes, las cosas son como son; si tú no entiendes, las cosas son tal como son.
A fuerza de palos, como borrico de yesero.
Después de comer, ni un sobre escrito leer.
No hay que dejar escapar una oportunidad, que nunca va a presentares otra vez.
Ni para Dios, ni para el diablo.
Fruta de sequero, mejor que fruta de riego.
No des el grito de triunfo antes de salir del bosque.
Chico pueblo, grande infierno.
La familia está como el bosque, si usted está fuera de él solo ve su densidad, si usted está dentro ve que cada árbol tiene su propia posición.
El papel que se rompa él.
Viuda que no se consuela, será por pobre o por fea.
De ambos ha sido el acertar; tú al pedir, yo al no dar.
Aguja en pajar, mala es de hallar.
Pereza, llave de pobreza.
La cabeza blanca y el seso por venir.
El viejo desvergonzado, hace al niño mal educado.
Casa en que una lágrima abre gotera, se pudre toda entera.
Cada uno es para si y Dios es para todos.
Ni lugar sin taberna, ni puta sin alcahueta.
En mentando el ruin de Roma, por la puerta asoma.
Nunca digas a tu enemigo que tus pies han resbalado.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
Un amigo fiel es un firme amigo, y quien lo encuentra halla un tesoro
No arranques la manzana cuando esté verde. Cuando madure caerá sola..
De ovejas blancas, nacen corderos negros.
Para el que quiere, siempre hay trabajo.
Día de San Martino, todo mosto es buen vino.
Si quieres ganarte un enemigo, presta dinero a un amigo
Al roble no le dobles.
De descansar, nadie murió jamás.
Guárdete Dios del diablo, de hijo y ojo de puta, y de tumbo de dado.
Dad al diablo la puerta que con cualquier llave está abierta.
Un estómago hambriento no tiene ningún oído.
El que jura miente.
¿Por qué lanzarse al agua antes de que la barca haya naufragado?
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
Cada cual hable de aquello que sabe, y de lo demás que calle.
Peces grandes no viven en charcos pequeños.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.