No metas a tu casa a quien te sacara de ella.
Barco amarrado no gana flete.
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
A la que sabes mueras, y sabía hacer saetas.
El mucho joder empreña.
Si los tontos volaran, su número cubriría el sol.
El hambre aguza el ingenio.
El que debajo de una hoja se posa, dos veces se moja.
A gran pecado, gran misericordia.
De petaca ajena, la mano se llena.
Lo que con tus padres hagas, con tus hijos lo pagas.
Quien hace casa en la plaza, o ella es muy alta o muy baja.
De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.
Cuando una está con la regla, solita se las arregla.
Dificulto que el chancho chifle.
Variante: En casa del ahorcado no se ha de nombrar la soga.
Al mal cocinero le estorban hasta las cucharas.
El amor es carne para el mancebo y hueso para el viejo.
Jamón y vino añejo estiran el pellejo.
Oír como quien oye llover.
Se llena antes el ojo que el papo.
Agua fría y pan caliente, nunca hicieron buen vientre.
No se llame señor quien en Tierra de Campos no tenga un terrón.
Carga que place, bien se trae.
Desde los tiempos de Adán, unos calientan el horno y otros se comen el pan.
La mujer y la gata, son de quien las trata.
Abad avariento, por un bodigo pierde ciento.
El muerto se asusta del degollado.
Contigo me entierren, que me entiendes.
Donde hay obras, hay sobras.
Arco iris, o pronto llueve o aclara en breve.
Mi secreto, en mi pecho.
Manda y haz, y así a los torpes enseñarás.
¿A dónde vas a ir que más valgas?.
Alza en blando, bina en duro y no verás a tu suegro sañudo.
Amor y señorío, no quieren compañía.
De los tuyos hablarás, pero no oirás.
Dios nos libre del incendio en una casa vieja.
Es más popular que la adelita.
El malo siempre piensa engaño.
Quien no ahorra la cerilla cuando puede, no tiene una peseta cuando quiere.
Boca ancha, corazón estrecho.
Cual es el rey, tal es la grey.
Gallina, mujer y cabra, mala cosa siendo magra.
Pluma a pluma se queda el gallo sin ninguna.
¡A la mierda! (Fernando Fernan Gomez).
Moza reidora, o puta o habladora.
Putas y tuertos todos somos vueltos.
Da tus cuentas justas, porque la última, asusta.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.