Doce gallinas y un gallo comen tanto como un caballo.
Más quiero un mediano remedio, que cuatro buenos consejos.
Herrero que no ve, de una aguja saca tres.
Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero.
El consejo a posteriori es como la lluvia tras la cosecha
El agua fluye, las piedras se mantienen.
Hablar por los codos, aburrir a todos.
Refregadas, duelen más las llagas.
En guerra los estados, los libros cerrados.
Saber más que Merlín.
Variante: Sacristán que vende cera y no tiene colmenar, o la saca de la oreja o la roba del altar.
El hombre teme el paso del tiempo y el tiempo teme el paso de las pirámides.
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
Si una puerta se cierra, otra se abre.
Buen alzado pone en su seno, quien escarmienta en mal ajeno.
El que tiene miedo corre a la iglesia.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
Madre dispuesta, hija vaga.
El hambre y la guerra, para verlos a cien leguas.
El sueño quita el hambre.
El río, por donde suena se vadea.
No hay que llevar cocos al puerto.
Donde se pace, que no donde se nace.
La risa va por barrios.
Entre col y col, lechuga.
El caballero y la dama, también lo son en la cama.
Las palabras mueven, los ejemplos arrastran.
El agua fría es de abajo hacia arriba.
Mi mama me manda a mi y yo mando a mis hermanitos.
Cree en Dios pero amarra los camellos.
Cada día es maestro del anterior y discípulo del siguiente.
Uso tu propia lanza contra tu propio escudo.
A tu hijo dale oficio, que el ocio es padre del vicio.
Confiesa y restituye, que la vida se te huye.
El que nunca tiene y llega a tener loco se quiere volver.
Blanco y mojado, sopas de leche.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
Las botellas medio llenas hacen más ruido aunque contengan menos líquido que las demás
Con la primera copa el hombre bebe vino; con la segunda el vino bebe vino, y con la tercera, el vino bebe al hombre.
El ingrato por un favor, coces cuatro.
En casa llena el loco no se apena.
Sabiduría y desengaños, aumentan con los años.
El vino como el rey, y el agua como el buey.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
El de las piedras hace pan.
La que pone y es cretona, ya dejó de ser pollona.
Cuando el niño dienta, la muerte tienta.
A la vasija nueva dura el resabio de lo que se echó en ella.
Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.
Un niño sin padre es como una casa sin techo.