Pídele a Dios que muera si quieres que dure mucho.
Las riquezas mal habidas no sirven de nada, pero la justicia libra de la muerte.
El rostro es el espejo del alma.
Hay que fijarse de que lado sopla el viento.
Buen amigo y compañero es el que no nos pide dinero.
Donde no hay mujer, hay que buscarla, y donde la hay, matarla.
Más vale cobarde vivo que valiente muerto.
Lo que abunda no daña.
Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.
La pintura y la pelea desde lejos me la otea.
Si no es Juan, es Pedro.
El corazón sospechoso no tiene reposo.
Dios te guarde de odioso señor y de compañía de traidor.
Ruega a Dios por el mal señor, porque no venga otro peor.
Juez que de la equidad es amigo, ese quiero yo para mi litigio.
Nadie querría para sí.
Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más.
Dura el nombre más que el hombre.
Las cosas en caliente pegan.
El que no cae, resbala.
Si el liso viera y la víbora oyera no habría hombre que al campo saliera.
Quien acomete vence.
El buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar.
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
No puedo ser puta y pechera, no quiero aunque pudiera.
Agua fría y borona caliente, hacen buen diente.
Boca sucia no habla limpio.
No es lo mismo parir que criar.
No le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde hay.
Conejo que bien corre, no lo asan.
Picha española no mea sola.
Ni buen fraile por amigo, ni malo por enemigo.
Te están dando Atol con el dedo.
Malo es tener mozo, pero es peor serlo de otro.
La confianza mata al hombre.
Aunque tengas mucha suerte, nunca juegues con la muerte.
Bailarines en cojos paran.
Cuando se monta un elefante, no molesta el rocío.
Alcalde que por momentos se dispara, háganle arrimar la vara.
Solo no da traspiés el que no tiene pies.
La justicia debe llegar hasta el ladrón
Ambicioso subido, pronto caído.
Gozarse en el mal ajeno, no es de hombre bueno.
La vista del hacendado, hace engordar al ganado.
Habiendo don, tiene que haber din.
A capar se aprende cortando cojones.
Alcalde de monterilla, ¡ay de aquel que por su acera pilla!.
Ya no soy quien solía ser.
Para saber, has de leer.
Por donde pasa la aguja, pasa el hilo.