Confía en lo que ves
La dicha de la fea, la hermosa la desea.
Quien su origen no conoce, su destino desconoce.
Quien a Dios teme, no temerá a la muerte.
Padre no tuviste, madre no temiste; hijo, diablo te hiciste.
Lo que Dios da, bendito está, cuando no es "calamidad".
La ley de Dios no come trampa.
Cada uno estornuda como Dios le ayuda.
A quien te hizo una hazle dos, aunque no lo mande Dios.
¡Qué Dios se lo pague!, y yo me lo trague.
A quien teme a Dios de los cielos, nada le asusta debajo de ellos.
Quien habla por refranes es un saco de verdades.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
La necesidad conduce a Dios.
Fiate de Dios y no corras.
Dios no espera año para castigar.
A los pendejos ni Dios los quiere.
La mujer rogada y la olla reposada.
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
Dios ayuda al que mucho madruga.
El que demonios da, diablos recibe.
Gobierna para que no hagamos cruzar al perverso, porque no obramos como él. Álzate, dale tu mano, déjale en los brazos del Dios, llena su vientre de tu pan a fin de que se sacie y avergüence.
Alaba solo a Dios, critícate sólo a ti mismo.
Tempero de San Miguel, guárdete Dios de él.
Lo que hace Dios es lo mejor.
Guárdete Dios del diablo, de hijo y ojo de puta, y de tumbo de dado.
El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.
La gracia de cada refrán, es decirlo en el momento y el lugar en donde van.
Si Dios hizo la abeja, hizo la avispa el diablo.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
Dios consiente, pero no siempre.
La oración de los rectos en su gozo.
Dineros me dé Dios; que con mi poco saber me aviaré yo.
A Dios, lo que es digno de Dios; y a la cama, la sobrecama.
Amar a todos, temer a Dios tan solo.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
Dios le da maíz a quien no tiene gallinas.
Codicia mala a Dios no engaña.
A cada cual lo suyo y a Dios lo de todos.
El abismo lleva al abismo
Dios nos libre del incendio en una casa vieja.
A cada santo le llega su día.
Fiar de Dios el alma, más no la capa.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Desde donde se posan las águilas, desde donde se yerguen los jaguares, el Sol es invocado.
A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.
Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama.
En queriéndome Dios aunque no me quieran los santos.
Sé constante en tu corazón; haz firme tu pecho; gobierna no solo con tu lengua. Si la lengua del hombre fuese el timonel de una embarcación, el Dios sería su capitán.