Come Juan Gómez, que de lo tuyo comes.
Por agarar una silla, el político promete villas y castilla.
Hacerle a uno la pascua.
Donde lo hay, se gasta.
Si yo tuviera una escoba cuantas cosas barreria.
Ya que no eres casto, sé cauto.
Te ocultas tras una red y crees que ninguén te ve.
De fuera venga quien la tea nos tenga.
Las mocitas de este pueblo mean todas en corrillo, menos la hija del secretario, que mea en un canastillo.
Cabellos y cantar, no es buen ajuar.
Quien ve romero y no lo coge, del mal que le venga no se enoje.
Habla cuando te hablen; acude cuando te llamen.
Una cara hermosa lleva en sí secreta recomendación.
Regostóse el asno a las berzas, no dejó verdes ni secas.
Quien una vez fue ladrón, reincide si halla ocasión.
Escucha a tus enemigos que son los primeros en notar tus errores.
El que no arriesga, no pasa el río.
Al trabajo, por su vejez, no le engañan ni una ve.
Alacena de dos llaves, la una entra cuando la otra sale.
Si prometes y no das, mal vas.
Si no tienes dinero, pon el culo por candelero.
Tapados como el burro de la noria.
Dinero ahorrado, dos veces ganado.
Bien de escudos y blasones, pero mal de pantalones.
Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos.
Palabras de cortesía suenan bien y no obligan.
Ya los muertos no son nuestros, ni los vivos buenos amigos.
A cada ollaza su coberteraza.
Hija que se casa, la casa paterna arrasa.
Las palabras amables no cuestan nada pero valen mucho.
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
La primera cucharada de sopa siempre es la más deliciosa.
Fue puta la madre y basta; la hija saldrá a la casta.
Mi marido es tonto y yo vivaracha; cuando yo salto, el se agacha.
Zorra dormilona, su cara lo pregona.
Hoy figura, mañana sepultura.
Sobre advertencia no hay engaño.
Nadie fue escaso para quien bien quiso.
La necesidad hace parir hijos machos.
No fío, porque pierdo lo mío.
La muerte es flaca y no ha de poder conmigo.
Si tienes hijas, comerás buñuelos.
De diestro a diestro, el más presto.
Al papel y a la mujer, lo que le quieran poner.
Quien sabe esperar, sabe lograr.
Es un loco quien su mal achaca a otro.
Quién defiende su tiempo, defiende su dinero.
Quien presto enriqueció, presto empobreció.
Sin sal, todo sabe mal.
En el paisaje de primavera, no hay mejor ni peor. Las ramas que florecen crecen naturalmente, algunas mucho, algunas poco.