No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pero tampoco sabes lo que te has estado perdiendo hasta que lo encuentras.
Obra comenzada, no te la vea suegra ni cuñada.
Engañosa es la gracia, y vana la hermosura.
Cague la espina quien se comió la sardina.
Quien hace lo que puede no está obligado a más.
Donde hay hambre no hay pan duro.
Quien lee despacito, comprende el escrito.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
Mal huye quien a casa torna.
Una mala transacción es mejor que una buena batalla.
La muerte es tan cierta como la hora incierta.
Todo mi gozo en un pozo.
Febrero y las mujeres tienen en un día diez pareceres.
El hombre bien comido y bien bebido, quiere reposo y no ruido.
Ausente y muerto, viene a ser lo mesmo.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
Hijo solo, hijo bobo.
Chicharra que canta, calor adelanta.
El tiempo todo lo cura, menos vejez y locura.
Casa chica infierno grande.
Haz el mal y guárdate.
Casa donde la mujer manda, mal anda.
Más merece quien más ama.
El que ama, teme.
De un tigre solo se dibuja la piel, y no los huesos; de una persona solo se le conoce la cara, y no el corazón.
De cien en cien años, vuelve el río por sus andamios.
Es mejor tres hombres corrientes que uno sabio.
Casa de muchos, casa de sucios.
A donde se cree que hay chorizos, no hay clavos donde colgarlos.
Entre contar y cantar, lo primero has de procurar.
En el libro de la vida, lo aprendido no se olvida.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
El placer puede fundarse en la ilusión, pero la felicidad reposa sobre la verdad
Cuando llueve y hace viento, quédate adentro.
En carrera larga hay desquite.
Zurdos y calvos y rubios no habían de estar en el mundo.
Siempre la aguja se le dobla a quien no tiene otra.
Lo bueno dura poco.
Palabras claras, no necesitan explicaciones.
En la casa donde no hay pan, pocas cosas se dan.
Quéjese de la muela aquel al que le duela.
Todo lo que hagas por depecho, estará mal hecho.
Treinta días trae Noviembre, como Abril, Junio, y Septiembre, de veitiocho no hay más que uno; los demás, de treinta y uno.
La fortuna es ciega y no sabe con quien juega.
Que cada cual se rasque con sus uñas.
El sol sale para todos y cuando llueve, todos nos mojamos.
Hay hombres como el dado: que se están de cualquier lado.
Ajo que del hornillo salta, al diablo vaya.
Quien hizo el cohombro que lo lleve al hombro.
De ambos ha sido el acertar; tú al pedir, yo al no dar.