De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Quien envidioso vive, desesperado muere.
Quien porfía, alcanza hoy u otro día.
Buena vida, arrugas tiene.
Hablar más que lora mojada.
Amigo y casa vieja, para otro los deja.
Quien tenga vidrieras, no azuze pedreras.
Siempre ayuda la verdad.
Agua fina saca la espina.
A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.
Febreruco es loco, unas veces por mucho y otras por poco.
Quien hace un cesto hace cien.
La razón la tiene Sansón.
Sobre mojado llueve, y sobre seco a veces.
Hasta el rabo, todo es toro.
A secreto agravio, secreta venganza.
Confesión con vergüenza, cerca está de la inocencia.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
Cántaro vacío, con solo aire hace ruido.
Colarse de rondón, es menospreciar a ala reunión.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
Al buen, regalo; al malo, palo.
Del mal paño nunca hay buen sayo.
Donde aprietan, no chorrea.
El idiota grita, el inteligente opina y el sabio calla.
Quien baila y canta, su pena espanta.
No busques por amigo al rico ni al noble, sino al bueno, aunque sea pobre.
Ni por casa ni por viña, cases con mujer mezquina.
En tristezas y en amor lloriquear es lo mejor.
Eres lo que comes.
Si al anochecer relampaguea, buen día campea.
Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
Novia para siempre, mujer para nunca.
Rubias y morenas, sacan a un hombre de penas.
Hay que leerle la cartilla.
Lo tragado es lo seguro.
En cosas de su provecho, hasta el más tonto es cuerdo.
Hay que dar para recibir.
Es más fácil hacer un agujero en el agua que obtener una moneda de un avaro.
Y viendo el tabernero que perdía, también bebía.
La excepción no hace la regla, sino que estará fuera de ella.
Todos llorando nacieron, y nadie muere riendo.
Mucho vuelo el viento, pero más el pensamiento.
No se cava con el mango de la azada, pero el mango da a cavar.
A la hija casada sálennos yernos.
Tantos enemigos tenemos como criados habemos.
Buenas palabras no hacen buen caldo.
De noche madrugan los arrieros.
Adulador, engañador, y al cabo, traidor.
El daño hecho no tiene remedio.