Al enemigo, ni agua.
Decir bien y obrar mejor.
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
Amante atrevido, de la amada más querido.
La mujer es gente en la letrina.
Pólvora y tiempo se vuelan como viento.
Come el gato lo que no se halla a buen recaudo.
Quien casa una hija, gana un hijo.
Para volver a la buena senda, cualquier hora es buena.
Como turco en la neblina.
El que a los suyos se parece, honra merece.
Oigamos, pero no creamos hasta que lo veamos.
Ve donde no te llaman y volverás con las orejas gachas.
La que de treinta no sacó novio, tenga el humor del demonio.
Cabra loca, desgraciado al que le toca.
Cantando y cantando, las penas se van aliviando.
El hombre más rico es el que sabe qué hacer al día siguiente
De lo que pensé para mí, a nadie cuenta di.
Quien ama a Beltrán ama a su can.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
Amor mezclado con duro, fracaso seguro.
Las cartas y las mujeres se van con quien quieren.
La sugestión obra.
Los cojones del cura de Villalpado, los llevan cuatro bueyes y van sudando.
Al que obra bien, bien le va.
La fortuna ayuda a los que se ayudan a sí mismos.
Al hijo del herrero, de balde le machacan el hierro.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
Llevar y traer, de todo ha de haber.
En casa del mezquino, más manda la mujer que el marido.
Se muere de vergüenza, no de miedo.
El tiempo es el heraldo de la verdad.
El que no cojea, renquea.
Más peligroso que una puñalada al hígado.
Cuando seas padre comerás huevos, mientras seas hijo como cuernos.
Amistad de yerno, sol en invierno.
Quien te altera te controla.
Buey suelto, rey muerto.
Años y desengaños hacen a los hombres huraños.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
La mujer y el vino hacen del hombre un pollino.
Quien sus bienes da en vida, merece que le den con una porra en la barriga.
Cada cual decía del amor que tenía.
Riñen los pastores, y se descubren los quesos.
Una sola araña cien moscas apaña.
El que pasa por romero y no lo coge, si le viene algún mal que no se enoje.
Ya están las migas en la poyata, y el que se descuide no las cata.
El hijo de la cabra, cabrito ha de ser.
La virtud ennoblece.