A quién le dan pan, que llore.
Guárdame en casa y te honraré en la plaza.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
El que da porque le den, engañado debe ser.
Día vendrá que tenga peras mi peral.
Olla con jamón y gallina, a los muertos resucita.
La muerte es lo único seguro que tenemos en la vida.
Quien escurre el bulto, se evita el insulto.
Todo por servir se acaba... y acaba por no servir.
Quien mal cae, mal yace.
Si no existiera la gente común tampoco existirían las personas extraordinarias.
Vale más buena cara que un montón de halagos
Vuelta al cuidado, que canta el gallo.
Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería.
El que tiene ovejas, tiene pellejas.
No te mofes de los viejos, que de ellos no estamos lejos.
Bien convida, quien prestó bebe.
Alegría no comunicada, alegría malograda.
Cornudo sois, marido; mujer, ¿quién te lo dijo?.
En caso de duda, que no sean ellas las viudas.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
Manda y haz, y así a los torpes enseñarás.
Nadie diga mal del día hasta que sea pasado y la noche venida.
El que nada debe, nada ha adquirido a plazos.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
Guerra avisada no mata soldado, y si lo mata, es por descuidado.
Aquel que pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta permanece tonto por siempre.
Ni "arre" que corras ni "so" que te pares.
Ahorra, ahorrador, que y vendrá el derrochador.
La sabiduría no se traspasa, se aprende.
Cada uno en su casa es rey, pero su mujer hace la ley.
En mi casa mando yo que soy viudo.
Los tambores de guerra son tambores de hambre.
Quien te ha visto y quien te ve.
Toda piedra golpea el pie de un pobre.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
Pídele al viejo el consejo, te irá bien con él y llegarás a viejo.
Apuntar alto en tu carrera, pero permanece humilde en tu corazón.
Vive de forma que no hagas daño a nadie, he aquí la aspiración suprema
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Quien la haga que la pague.
Una mujer es como un puro: hay que encenderla a menudo.
Tiene suficientes riquezas el que no pide prestado ni tiene que adular a nadie.
Los frutos más hermosos los da el árbol más viejo Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
El asno y la mujer, a palos se han de vencer.
El que regala, no vende; pero sorprende.
¿Quérellas?. Huye de ellas.
La venganza es el platillo que sabe mejor frío.
Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene? ¿por qué te preocupas?