Insinuación de rey, como si fuera ley.
Abanico calañés cuesta dos cuartos o tres.
Más camina un burro si va frente al pesebre.
Una gota de tinta puede más que cien memorias privilegiadas.
Se nace llorando, luego se comprende el por qué.
Variante: A caballo regalado, no se le mira el diente.
Breve habla el que es prudente.
Cual andamos, tal medramos.
Las prendas de ropa son alas.
Guardaré hoy que puedo; que quizás mañana no mueva un dedo.
No pongas al ruin en zancos; que te escupirá desde lo alto.
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.
Mucha xente xunta, algo barrunta.
Del tronco caído todos hacen leña.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
La alegría alarga la vida.
La peseta, la vela y el entierro por donde quiera.
Amo de muchos gañanes, todos para él truhanes.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.
Una es la cuenta del borracho, y otra la del tabernero.
En Abril y en mayo no dejes en la casa el sayo.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Amigos, oro y vino viejo son buenos para todo
Cuando salta la liebre no hay galgo cojo.
Donde hubo pan migajas quedan.
Lo pasado, pasado, y lo mal hecho, perdonado.
A un fresco, un cuesco.
A cada cien años los reyes son villanos, y al cabo de ciento diez, los villanos son reyes.
El que no tiene dinero en su bolsa, deberá tener palabras agradables en su boca.
Una simple chispa puede iniciar un fuego que arrase la pradera.
El infortunio hace sabios y la buena fortuna , sandios.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
El hable es plata, el silencio es oro.
Lo que es ajeno, siempre clama por su dueño.
Cuando todo está perdido, aún queda la esperanza.
Rico que ha sido pobre, corazón de cobre.
Frio, frio, como el agua del rio.
Lo de balde es caro.
Madre e hija caben en una camisa; suegra y nuera, ni en una talega.
En lágrimas de mujer y en las cojeras del perro, ninguno debe creer.
Gitano no saca la suerte a gitano.
Casa sin hijos, higuera sin higos.
Zarajo y ajo arriero, en Cuenca lo primero.
Cuando nos aman, señoras nos llaman; cuando nos tienen, ya no nos quieren.
Moza de mesón, no duerme sueño con sazón.
Para San Antón, gallinita pon.
A perro viejo no cuz cuz.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Ni casa junto a río, ni viña junto a camino.