Que convenga, que no convenga, Dios quiere que todos tengan.
Iba en su yegua y preguntaba por ella.
Le dieron como a violín prestado.
La buena mujer, con sus manos edifica su casa.
Un día el lobezno se convertirá en lobo, aunque se haya criado entre los hijos del hombre.
Cero grados, ni frio, ni calor.
La mujer casta esta siempre acompañada.
Horizonte claro con cielo nublado, buen tiempo declarado.
Aunque tengas sesenta consejeros, aconséjate primero a ti mismo
Lo que Dios no da, Salamanca no presta.
Todo acaba con la muerte, menos, el hacer bien.
Trabaja como si siempre hubieses de vivir, y vive como si luego hubieses de morir.
Del mal, el menos.
No dejes lo bueno por lo hermoso, ni lo cierto por lo dudoso.
El arroz, el pez y el pepino, nacen en agua y mueren en vino.
No esperes nada de aquel que promete mucho.
A la mujer búscala delgada y limpia que gorda y guarra ella se volverá.
Lo robado no luce.
Salvarse por los pelos.
Hay que andar más tieso que un ajo.
Jugar bien sus cartas.
El parir y amasar siempre empezar.
No hace plata quien más suda, si la suerte no le ayuda.
Bien ajeno es la hermosura, y, sobre ajeno, poco dura.
En pleitos de hermanos, no metas las manos.
Inclinar la balanza.
Los caballos como las mujeres en manos de "tarugos" se echan a perder.
Si no sobra es que falta.
El que ha de morir a oscuras, aunque muera en velería.
A la hija, tápala la rendija.
Más fácil entra un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos.
Favorecer, es por norma perder.
Jabón e hilo negro, todo es para la ropa.
El amor de lejos, es para los pendejos.
La muerte todo lo ataja.
Lo que por agua viene por agua se va.
El que fue monaguillo y después abad, sabe lo que hacen los mozos tras el altar.
El rico come "sudao", y el pobre sudando.
Para seguir el sendero, mira al maestro, sigue al maestro, camina con el maestro, ve con el maestro, llegarás a ser maestro.
El amor es un acto de fe, y quien tiene poca fe tiene poco amor
Amanse su saña quien por si mismo se engaña.
Contra gustos, no hay disgustos.
Ajo en el cordero es pecado, tanto en el guisado como en el asado.
Boca que no habla, Dios no la oye.
Boca ancha, corazón estrecho.
Como vinagre a los dientes y humo a los ojos es el perezoso para quienes lo emplean.
No hay madre como la de uno mismo.
El que araña y muerde, poco puede.
Da Dios el frío conforme al vestido.
Comprar y vender excelente camino para enriquecer, que trabajando, solo has de padecer.