El diablo no sabe por diablo, sino por viejo.
Para el amor y la muerte no hay casa ni cosa fuerte.
Juan de Aracema que no tenía palabra mala, ni obra buena.
San Telmo en la arboladura, mal tiempo augura.
Hablar por los codos, aburrir a todos.
Nadie regala nada a humo de pajas.
Codicia mala, el saco rompe.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
De ninguno seas muy compañero.
Achaque el viernes por comer carne.
Los pájaros, tirándole a las escopetas.
Ni caballo patiblanco, ni tierra falduda.
A canto de sirenas oídos de pescadores.
Los besos son como las cerezas: uno lleva a otro
Arco iris, o pronto llueve o aclara en breve.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
El asno puede entrar en el templo, pero no por ello se convierte en monje
La rubia de la panadera, que con el calor del horno se quiere poner morena.
Labrador, ara y ora y espera tranquilo la última hora.
El cebo es el que engaña, no la caña.
Cuando se pelean las comadres, salen a relucir las verdades.
La vaca y la mujer, paren a la vez.
Montado sobre un tigre, difícilmente se puede bajar.
Un país con muchos arenques no necesita médico.
Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió.
La mula feliz la pasa: fornica y no se embaraza.
Demasiadas velas provocan el incendio de la iglesia
De pies a cabeza.
Quien ha disfrutado de lo mejor del amor no se conforma ya con el resto
Yo como tu y tu como yo, el diablo nos junto.
Hacer una tempestad en un vaso de agua.
Buena pata y buena oreja, señal de buena bestia.
Desde que se inventaron las excusas, se acabaron los pretextos.
A dinero en calderilla, poca y mala musiquilla.
Más vale remiendo feo que agujero hermoso.
Cuando uno está de malas, hasta los perros le ladran.
Callar como puta tuerta.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
Hay que saber tantas cosas como el ano de la gallina.
El avariento nunca está contento.
Quien mucho se arremanga, vésele el culo y la nalga.
Nuestros conocimientos pueden llenar el imperio pero nuestros amigos caben en el puño
Queda sin compañeros el hombre exigente hasta en los últimos detalles.
La ley es como los perros: que solo muerde a los de ruana.
Dar el consejo y el vencejo.
De cuero ajeno, correas largas.
El hombre sabio instruye sin utilizar las palabras.
Ir de bien en mejor, no hay cosa mejor.
Cuando hay amor nos podemos acostar sobre el filo de una espada, cuando no nos amamos incluso una cama enorme no basta
¿Qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano?