Tienes en casa al muerto y vas a llorar el ajeno.
Un buen día vale por un mal mes
De la mentira viven muchos, de la verdad, casi ninguno.
A grandes cautelas, otras mayores.
De lo vedado, un solo bocado.
Viejo con mujer hermosa, mala cosa.
Sacar los trapos al sol.
Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria.
Un caballero no puede pegarle a una mujer ni siquiera con una flor.r
Recordad siempre la partida tienes que guardar.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
Aquél es buen día, cuando la sartén chilla.
La mujer maluca abajo tiene el azúcar.
Miraste a la luna pero te caíste en el arroyo.
El que quiera/e la col, quiera las hojas de alrededor.
Llamame tonto y dame pan.
Nadie sabe de la sed con que otro bebe.
Quien tuvo y ahorró, para la vejez guardó.
Mal haya el vientre que del bien recibido no le viene miente.
Vejez y hermosura nunca se vieron juntas.
Los fallos del médico, la tierra tapa.
Para el amor y la muerte no hay casa ni cosa fuerte.
Más confío en el trabajo que en la suerte.
Con quien se va no se cuenta, tan siquiera se le mienta.
Quien con el viejo burlo, primero rió y luego lloró.
Del cuero sale la correa.
Es caballero, no el que tiene caballo, sino el que tiene dinero.
La bondad vence la maldad como el agua al fuego
Enfermedad larga, cruz a la espalda.
De borrachos y panzones están llenos los panteones.
Arreboles de la tarde, a la mañana sol hace.
Más matan cenas que guerras.
Oye, ve y calla, y con nadie tendrás batalla.
"Los inviernos en Burgos, y los veranos en Sevilla", decía Doña Isabel, la gran reina de Castilla.
Hablando se entienden los blancos.
Quien va despacio y con tiento, hace dos cosas a un tiempo.
Cuando viene la golondrina, el verano está encima.
Cuenta por bienes los males que no tienes.
El que disfruta insultando a la gente con sus escritos es como una bruja; el que disfruta adulándolo es como un quiromántico
Jugar a dos barajas.
El amor y el reloj locos son.
A la burla dejarla, cuando más agrada.
Las personas que tienen muchas faltas, son las que más critican a otros.
El hábito es al principio ligero como una tela de araña, pero bien pronto se convierte en un sólido cable.
El amor es como los pasteles, que recalentados no sirven.
¡Mujer sin seso, ahí queda eso!.
Como la noche al día, el pesar a la alegría.
Me traen por la calle de la amargura.
El ignorante al ciego es semejante.
Ir de capa caída.