Echar todo a doce, aunque nunca se venda.
O la bebes o la derramas.
Quien con mujer rica se casa, come y calla.
Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
De buena casa, buena brasa.
Aun el león se defiende de las moscas.
En los meses de erre, en piedra no te sientes.
Tras el vicio viene el lamento.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
En el horizonte de las tierras bajas un altozano parece una montaña
Llorando nacen todos, riendo ni uno solo.
Dimes y diretes, entre grandes y pequeñetes.
La mujer del marinero, cuando hay pesca, tiene dinero.
Ser lento en dar es como negar.
Con pan, vino y queso, no hay camino tieso.
Cuentas claras conservan amistades.
A la sombra del gitano, medra el villano.
Antes de que la luz del sol pueda brillar a través de la ventana, deben levantarse las persianas.
Palabra al aire fenece; pero escrita prevalece.
Echa cuentas, que te saldrán cuentos.
La vergüenza y la castidad una vez perdidas, para toda la eternidad.
A quien gana buscaras, que quien pierde, él volverá.
Ovejas de una puta, carneros de un ladrón, bien haya quien os guarda, mal haya cuyo sois.
Caballo que con tres años ve a una yegua y no relincha, o no le gusta la yegua o tiene prieta la cincha.
Un huésped constante nunca es bienvenido.
Cartas de ausentes, cédulas son de vida.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
Pan tierno, casa con empeño.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
Más que mil palabras inútiles, vale una sola que otorgue paz.
Quien en Febrero no escarda, ¿a qué aguarda?.
El vino y la verdad, sin aguar.
Nadie aprende por cabeza ajena.
El demonio y las mujeres siempre se entretienen.
Tres fanegas bien labradas dan más que siete arañadas.
Me cortaron las piernas.
A mala leña un buen brazado.
La mujer hermosa, o loca o presuntuosa.
Después de perdido el barco, todos son pilotos.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
La lengua del justo está detrás del corazón, más la del necio va siempre delante, suelta y dicharachera.
Ningún hombre puede ser feliz si no se aprecia a sí mismo
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
Prometer, prometer hasta meter, y una vez metido, nada de lo prometido.
Entre marido y mujer, nadie se debe meter.
A dinero en calderilla, poca y mala musiquilla.
En paellas y en culos, cada uno tenemos uno.
Obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro es nada.
Cree el fraile que todos son de su aire.
Mucho ofrecer y poco dar, xuntos suelen andar.