El que quiera engañar a un campesino, tendrá que llevar a otro campesino en su compañía.
Quien te conocio ciruelo y ahora te ve guindo.
Hombres de noche, muñecos de día.
Si en verdad eres estrella, no te alumbres con tea.
Amigos, oro y vino viejo son buenos para todo
Agua vertida, mujer parida.
Ve tu camino para no tropezar.
Abejas sin comida, colmenas perdidas.
Cuando pobre, franco; cuando rico, avaro.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
Lo que uno no quiere, otros lo desean.
Mande la razón y obedezca la pasión.
La fe infundada en la autoridad no es fe
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
El que hace feliz a una mujer, es su esclavo; quien la hace desgraciada, es su dueño.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
El que quiera coger miel, que cate por San Miguel; el que quiera coger cera, que cate por las Candelas.
Sabiduría de pobre hombre, hermosura de puta y fuerza de ganapán, nada val.
La mujer que poco vela, tarde hace luenga tela.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
Las palabras ásperas hieren más de una flecha envenenada.
A Dios rogando y con el mazo dando.
Preferir ser jade en añicos antes que una teja entera.
Bien mereció papilla quien se fió de Mariquilla.
No existe felicidad sobre la tierra que no lleve su contrapeso de desgracias
Una obra acabada, otra empezada.
Un traguillo de vino de cuando en cuando, y vamos tirando.
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia
La vejez es deseada, pero cuando llega, odiada.
Donde no alcanza el viejo, alcanza el tejo.
Antes mujer de un pobre que manceba de un conde.
Si quieres buena fama, no te halle el sol en la cama.
Quien desprecia, comprar quiere.
Una gota de tinta puede más que cien memorias privilegiadas.
Agua de llena, noche de angulas.
Vanidad humana, pompa vana: humo hoy y polvo mañana.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
A la madrina, tras la puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.
Machete cuto, estáte en tu vaina que nada te pasará.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
Las estaciones son como una lima que trabaja sin ruido
El pie en el lecho y la mano el pecho.
Mal se conforma con el viejo la moza.
Si un hombre te dice que pareces un camello, no le hagas caso; si te lo dicen dos, mírate un espejo.
Ni fíes de hombre cejunto, ni tengas miedo a un difunto.
De la perdiz, lo que mira al suelo; del conejo, lo que mira al cielo.
Al burro el palo y a la mujer el regalo.
Uso tu propia lanza contra tu propio escudo.