Dios escribe derecho, incluso en las líneas onduladas.
Quien va a Castilla y deja Aragón, trae dolor de corazón.
Mande la razón y obedezca la pasión.
Quien te conocio ciruelo y ahora te ve guindo.
Frio, frio, como el agua del rio.
Abejas sin comida, colmenas perdidas.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
El que hace feliz a una mujer, es su esclavo; quien la hace desgraciada, es su dueño.
Abanico calañés cuesta dos cuartos o tres.
Amigos, oro y vino viejo son buenos para todo
Agua vertida, mujer parida.
La fe infundada en la autoridad no es fe
Lo que uno no quiere, otros lo desean.
Sabiduría de pobre hombre, hermosura de puta y fuerza de ganapán, nada val.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
Bien mereció papilla quien se fió de Mariquilla.
El que quiera coger miel, que cate por San Miguel; el que quiera coger cera, que cate por las Candelas.
A Dios rogando y con el mazo dando.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
La mujer que poco vela, tarde hace luenga tela.
Cuando pobre, franco; cuando rico, avaro.
Preferir ser jade en añicos antes que una teja entera.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
Si quieres buena fama, no te halle el sol en la cama.
No existe felicidad sobre la tierra que no lleve su contrapeso de desgracias
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia
Donde no alcanza el viejo, alcanza el tejo.
Las palabras ásperas hieren más de una flecha envenenada.
La vejez es deseada, pero cuando llega, odiada.
Una gota de tinta puede más que cien memorias privilegiadas.
Una obra acabada, otra empezada.
Un traguillo de vino de cuando en cuando, y vamos tirando.
Agua de llena, noche de angulas.
Antes mujer de un pobre que manceba de un conde.
Quien desprecia, comprar quiere.
Machete cuto, estáte en tu vaina que nada te pasará.
Si un hombre te dice que pareces un camello, no le hagas caso; si te lo dicen dos, mírate un espejo.
A la madrina, tras la puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.
El pie en el lecho y la mano el pecho.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
Mal se conforma con el viejo la moza.
Ni fíes de hombre cejunto, ni tengas miedo a un difunto.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
Vanidad humana, pompa vana: humo hoy y polvo mañana.
Al burro el palo y a la mujer el regalo.
Las estaciones son como una lima que trabaja sin ruido
Besos y abrazos no hacen niños, pero tocan a vísperas.
Uso tu propia lanza contra tu propio escudo.