Cada fracaso nos hace más listos.
La gente obtusa, tan sólo vale las joyas que usa.
Blanco hielo, es de lluvia mensajero.
El oro luce, y la virtud reluce.
Más se junta pidiendo que dando.
Dame Dios marido rico, aunque sea un borrico.
Ama a tu vecino, pero no quites la cerca.
Chico pueblo, grande infierno.
Libros cerrados, no hacen letrados.
La verdad es una, gústele a quien le guste o gústele a quien no le guste.
Los estudiantes de Zen, deben aprender a perder el tiempo conscientemente.
Entra, bebe, paga y vete.
Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada.
El que exprimió su limón que se tome su agrio.
Quien tiene candela, jamás se congela.
Las ideas están exentas de impuestos.
El borriquito delante, para que no se espante.
No hay nada más caro que lo regalado.
El pollo de enero, sube a su madre al gallinero.
De esa manera, mi abuela.
A diente cogen la liebre.
¿Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada?
Para darse importancia, dice que viene de Francia.
Cada pez en su agua.
Quien casa una hija, gana un hijo.
No lleva ya vida honesta, la que con varios se acuesta.
No comáis caldo de habas, que hace a las mujeres bravas.
Agua de Febrero, mata al onzonero.
Carnaval lluvioso, Semana Santa zurraposa.
Donde humo sale, fuego hay.
Variante: Dos que se acuestan en el mismo colchón acaban siendo de la misma condición.
A casa de tu vecino a prestar favores y no a pedirlos.
Pocas palabra y muchos hechos.
Chupar de la teta.
A can que lame ceniza, no fiarle harina.
En el país de las palmeras se alimenta el asno de dátiles.
Morir rico tras vivir pobre, llámale bestia y no hombre.
Hagas lo que hagas, no te olvides de las bragas.
A cautela, cautela y media.
Más vale honra sin barcos que barcos sin honra
De vino aguado o agua envinada, no me des nada.
Una mano a la otra lava, y las dos, a la cara.
El gato escaldado, del agua fría corre.
La verdad es como la rosa, siempre tiene espinas.
Hay que ser puerco pero no trompudo.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
La golosina prohibida, siempre es más apetecida.
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
Cuando el Mapou (roble-árbol) muere, las cabras se comen sus hojas.
Lo que no se conoce no se apetece.