Saltar de la sartén para caer en las brasas.
Barba roja, mucho viento porta.
El hombre casado, ni frito ni asado.
Madrastra, ni de cera ni de pasta.
Con viandas ajenas, no cuesta dar cenas.
Si mi cuerpo muere, deja que mi cuerpo muera, pero no dejes morir a mi país
La noche para pensar, el día para obrar.
A veces la hoja se hunde pero la piedra flota.
Mal huye quien a casa torna.
Más cura el tiempo que soles y vientos.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
Para morirse, siempre hay tiempo.
Los placeres por onzas y los males por arrobas.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Reniego de plática que acaban en daca.
Hacia ti acusas cuando murmuras.
Ver y no tocar, se llama respetar.
Hay quienes pasan por el bosque y no ven leña para el fuego.
Se nace llorando, luego se comprende el por qué.
A cada rey su trono.
Cambiar de opinión es de sabios.
Callar y callemos, que los dos porque callar tenemos.
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
El que madruga, encuentra todo cerrado.
En la abundancia de agua, el tonto tiene sed.
A tu enemigo fallecido, perdón y olvido.
Lo que de noche se hace a la mañana aparece.
Los difuntos, todos juntos.
Vive la vida a grandes tragos por que no te bastara cuando tengas que perderla.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
La vieja escarmentada, pasa el río arremangada.
Una huésped llega con diez bendiciones, come una y deja nueve.
El que teme a sufrir, sufre de temor.
El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.
A la mujer honrada, su propia estima basta.
Para rehusar curarte, te pide cuernos de perro.
Quien con fe sabe esperar, ve al fin la suerte llegar.
La casa de Celestina, todos la saben y nadie la atina.
Visto de lejos, un gitano parece un ser humano.
Quien miente, no habla lo que siente, sino lo que quiere.
El que del campo viene, cenar quiere.
Es ilusión fementida, un mundo a nuestra medida.
Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
Lo pasado, pasado, y lo mal hecho, perdonado.
La lealtad se paga.
La mujer casada, con la pierna quebrada y en casa.
Atrás viene quien las endereza.
El tiempo es como una flecha que vuela.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
Donde hay duda hay libertad.