Cada uno canta como le pagan.
Una buena carrera es mejor que una larga espera.
Nadie cante victoria aún cuando en el estribo esté.
Jóvenes y viejos, todos necesitamos consejos.
El guaro, las mujeres y el tabaco ponen al hombre flaco.
Al freír será el reír.
Da consejos a todos, pero no seas fiador de nadie.
Hinca el pico, igual el feo que el guapo, y el pobre que el rico.
Las novedades son la sal de la vida.
El que de joven no es acucioso, llegado a viejo en vano se lamentará.
Lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo que se debe.
Quien habla en voz alta, piensa poco.
El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre.
La mujer lo hace, y el marido no lo sabe.
El día nunca retrocede de nuevo.
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.
Al hombre ocupado le tienta un solo diablo; al ocioso una legión.
Ay del ay que al alma llega y en llegando allí se queda.
El puente solo se repara cuando alguien se cae al agua.
Riña por San Juan, paz para todo el año.
Se te caes siete veces, levántate ocho.
Agua y sol, tiempo de caracol.
Amistad de boquilla, no vale una cerilla.
Un amigo fiel es un firme amigo, y quien lo encuentra halla un tesoro
Santa tú y santo yo, el diablo nos juntó.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
El cielo no cierra completamente el camino a los hombres.
Casa sin sol, hace que el médico entre a todas horas.
El destino baraja, nosotros jugamos.
Ron, ron; tras la capa te andan.
Hoy robas un huevo, mañana robas un buey.
Más pica espuela de celos que de aceros.
Quien se casa, mal lo pasa.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
No hay espada contra la simpatía afectuosa
Tienes en casa al muerto y vas a llorar el ajeno.
Llagas hay que no curan, y toda la vida duran.
Al que fortuna lo viste, fortuna le desnuda.
Pan tierno y vino añejo dan la vida al viejo.
La mujer gentil, de un pedo apaga el candil.
Soplo de marzo y lluvia de abril, a agosto y septiembre los hacen reír.
Tal para cual, Pedro para Juan.
Aunque la dulzura halaga, la mucha miel empalaga.
El que al sentarse dice "¡ay!" y al levantarse dice "¡upa!", no es ese el yerno que mi madre busca.
El miedo guarda la viña, que no el viñadero.
Qué sabe el burro del canto del ruiseñor.
No hay nada más hermoso que un padre llegue a convertirse en amigo de sus hijos, cuando estos lleguen a perderle el temor pero no el respeto.
Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.
El silencio no ha sido jamás escrito.
El que ha tenido un mujer, merece una corona de paciencia; el que ha tenido dos, la merece de simpleza.