La leña torcida da fuego recto.
Nadie, ladrando a la luna, alcanza amor ni fortuna.
El que anda con cojo, aprende a cojear.
Zumbido de mosquito, es nada, grande grito.
A la bestia cargada el sobornal la mata.
Haz la noche, noche y el día, día y vivirás con alegría.
Por la sotana del vicario sube la moza al campanario.
Con el buen sol, saca los cuernos el caracol.
Se amigo de ti mismo y lo serán los demás.
Antes de decir de otro cojo es, mírate tú los pies.
Buena es la quina, pero a veces es más mal que medicina.
Amor, tos y fuego, descúbrense luego.
Tres son las velas que disipan la oscuridad: la verdad, el conocimiento y las leyes de la naturaleza.
La palabra emitida no puede recogerse.
Barájamela más despacio.
Obra acabada, maestro al pozo.
La muerte regalos no prende.
Nadie perdona que le hagan un favor.
Bienes mal adquiridos, a nadie han enriquecido.
Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen.
Visto de lejos, un gitano parece un ser humano.
Con el engañador, se tú mentidor.
Una desgracia, a cualquiera le pasa.
El que debe y paga, descansa.
No hay cosa más rica, que rascar donde pica.
Carne que se lleva el gato, no vuelve al plato.
Agua de mayo, no cala el sayo.
"La virtud en su justo medio", dice el diablo, poniéndose entre los dos magistrados.
Salud perdida, salud gemida.
Amor y amigo de verba, amigo y amor de mierda.
Paga al contado y líbrate de cuentas chicas.
Amor nuevo, olvida el primero.
Cae más rápido, un hablador que un cojo.
Al hijo del herrero, de balde le machacan el hierro.
Caballero en buen caballo; en ruin, ni bueno ni malo.
Haces mal, espera otro tal.
Hambre y sed, la mejor salsa para comer.
Dádiva forzada no merece gracias.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
Sí, sí y no, no, como Cristo nos enseñó.
Menos ha de ser llorado el muerto que el desdichado.
Para mi cualquier petate es colchon.
Si la manga no es amplia no ondea
Cuando sea monja te regalaré un higo, dijo un amigo a otro amigo.
Ocioso y lagarto, no mueren de infarto.
El amor empieza con los ojos y termina con la costumbre
El príncipe iletrado es un burro coronado.
El solo olor de un buen frito, no nos sacia el apetito.
El que teme a sufrir, sufre de temor.
A quien has de acallar, has de halagar.