Joven que nada duerme y viejo que siempre duerme, cercana tienen la muerte.
El que no ha visto que vea y el que ya vio que compare.
La mar que se parte, arroyos se hace.
Mujeres y avellana, muchas salen vanas.
Copa de madroño, chisporrotea y quema el coño.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
A buen santo te encomiendas.
Amorosos juramentos, se los lleva el viento.
El burro cayendo y el amo perdiendo, los dos se van entendiendo.
Abril, Abrilillo, siempre fuiste pillo.
El mal trago pasarlo pronto.
A cazuela chica, cucharadica.
El sueño quita el hambre.
La anguila empanada y la lamprea escabechada.
Mientras la viuda llora, otros cantan en la boda.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]
Al desdén con el desdén.
Bueno por un huevo y ruin por dos, aléjemelo Dios.
Piedra que rueda no hace montón.
Insistir al que es porfiado, es llover sobre mojado.
El que tenga un hijo majadero, que lo ponga campanero.
El que solo se ríe, de sus maldades se acuerda.
Al que quiera celeste, que le cueste.
De los sufridos se hacen los atrevidos.
Boda de hongos, llámala bodorrio.
Cambio de costumes al viejo cuéstale el pellejo.
Fruta de locos, míranla muchos y gózanla pocos.
La hija buena vuelve a casa, aún cuando sea parida.
Me casé con un viejo por la moneda, la moneda se acaba, el viejo queda.
De noche y si está la suegra, se ve hasta la leche negra.
En Abril, huye de la cocina; más no te quites la anguarina.
No se llame señor quien en Tierra de Campos no tenga un terrón.
Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
Cuando moco, moco, cuando cana, cana.
De tu casa a la ajena, con la barriga llena.
Cabra loca, desgraciado al que le toca.
Para uno que madruga otro que no duerme.
Conejos y liebres vendo, porque los prendo.
No falta de que reirse.
Donde hay pelo hay alegría.
El pastor ruin, por no dar un paso, tiene que dar mil.
El que tonto se fue a la guerra, tonto volvió de ella.
Comida sin siesta, campana sin badajo.
Hacerse el de la oreja mocha.
Bien sabe el asno en que casa rebuzna.
Amor y viento, uno se va y vienen ciento.
El pastor que se acuesta con sus abarcas, cuando se despierta no se las calza.
Paso de oso, diente de lobo y de vez en cuando hacerse el bobo.
Las suegras son como las yucas, buenas pero enterradas.