De casa en que amanece tarde, Dios nos guarde.
No seas amigo de los necios.
Cada uno quiere llevar agua a su molino y dejar seco el de su vecino.
En Abril sale la espiga del cascabil.
Hay confianzas que dan asco.
Parecerse como un huevo a una castaña.
Aguantando regañinas, se aprenden las artes finas.
En casa de Manuel, él es ella y ella es él.
Amigo, mientras te lo digo, que una hora después, otra cosa es.
Por la peana se adora al santo.
Si quieres de tu amigo probar su voluntad, finge necesidad.
Que con su pan se lo coman.
Dádiva de lo mal ganado, no la recibe Dios con agrado.
Dios lo da y el diablo lo guisará.
Cuando se vuelven las tornas, medio mundo se trastorna.
El que se casa fuera, o la trae o la lleva.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
Limosna que así se vela y se ofrece, de lo alto viene.
Leña verde no ahuma, pero ennegrece.
No dejes que el ayer consuma demasiado tiempo del hoy
Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello. Proverbios 1:8-9
Mancebo me fui, y envejecí; más nunca al justo desamparado vi.
Quien lejos va a casar o va engañado, o va a engañar.
El que nada tiene, nada vale.
Mal ajeno, no cura mi duelo.
En alquimia y en casar gran ventura es acertar.
Tras el buen comer, ajo.
Flaco hombre, mucho come.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
Quede al revés o al derecho, lo que se hizo ya está hecho.
Asno con hambre, cardos come.
Yo que callo, bien en mis adentros hablo.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
No importa cuantas veces hayas caído, lo importante es cuantas te puedas levantar.
El hombre que hace su fortuna en un año debería ser ahorcado doce meses antes.
Enfermo que bebe y no mea el diablo que se lo crea.
Vomitar las tripas y quedar de perlas.
El que no tiene una cruz, se la están haciendo.
Pan casero, de ese quiero.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
El enamorado, ve en la verruga de su novia un lunar encarnado.
Enero, claro y heladero.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.
Dedo encogido, no rebaña el plato.
No hay viudita sin duelo, ni triste in consuelo.
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
Ladran, pues cabalgo.
Un maravedí sobre otro llegan a comprar potro.
Para conservar amistad, pared en medio.
Con un fraile no puede nadie, con dos, ni Dios, con una comunidad, ni la Santísima Trinidad.