No es buena casa la que no tiene al lado bosque y río.
Tres sacos son necesarios para tratar con un abogado: un saco de papeles, un saco de paciencia y un saco de dinero.
Un mar calmo no hace buenos marineros.
No donde naces, sino donde paces.
La felicidad nos busca como nosotros la buscamos a ella
Cree lo que vieres y no lo que oyeres.
La novedad de hoy es lo antiguo de mañana.
Ausencia enemiga del amor, cuan lejos de ojos, tan lejos de corazón.
No se me olvidará mientras me acuerde.
El mal de tonto, no tiene cura.
Jurar como carretero.
Cazador con levita, quita, quita.
La abadesa más segura, la de edad madura.
Pan tierno y leña verde, la casa pierde.
Por mucho que un hombre se afane, siempre hay quien le gane.
No me gusta el chisme pero me entretiene.
Mejor maestra es la pobreza que la riqueza.
Quien presume de aventuras tiene más ganas de trofeos.
La ayuda del niño es poca, pero la que no la aprovecha es tonta
El ignorante y el ciego caminan a tiento.
Por una oreja entra y por otra sale.
La frugalidad es una fortuna por sí misma.
La buena lavandera, su camisa la primera.
Tu secreto en tu seno, y no en el ajeno.
Predicar en desierto es como aconsejar a un muerto.
Agua, como buey; y el vino, como rey.
Pensabas que eras melón y te volviste calabaza.
Quien comete muchas injusticias, busca su propia ruina.
Zanja tu cuestión por albedrío de buen varón.
Perro viejo no aprende trucos nuevos.
Cuando se va lo bueno, se va lo malo.
La lluvia no se queda en el cielo.
Fuera de su convento no está el fraile en su elemento.
Hay que llevar dos sacos, uno para llevar y otro para recibir.
La flecha que indica el camino y el sendero que conduce a la cumbre se llama acción
Niebla en menguante, mal tiempo en adelante.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
A buen sueño, no hay cama dura.
La avaricia rompe el saco.
Deja que tu ira se ponga con el sol y asegúrate que no vuelve a amanecer la mañana siguiente.
La muerte de un anciano es como una biblioteca que se quema.
Zancas largas, para recados; zancas cortas, para sentado.
De suerte contentos, uno de cientos.
La sed por el oro, socava el decoro.
Cultiva la amistad de la misma forma que comes sal: rompiendo con los dientes la gruesa y saboreando lentamente la fina
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
Con el rey me eché, más puta me quedé.
Es más fea que una noche oscura.
Ya pasado lo de atrás, lo de menos es lo demás.