La mujer que de día calla por la noche manda.
Si el vino es fragante, no importa que se venda al fondo de un largo callejón.
Quien no puede tener la pulpa, se contenta con el hueso.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
Quien en Agosto ara, riqueza prepara.
Las malas noticias siempre tiene alas.
No todos los que van a la iglesia son santos
El peor coche siempre se lleva la mejor mazorca.
No se toman truchas a bragas enjutas.
De padres asientos, hijos taburetes.
Canten calandrias o les apachurro el nido.
Muchos que viven cantando, mueren llorar.
Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
En la mucha necesidad dice el amigo la verdad.
Buen amigo ni buen yerno se hallan presto.
No basta con que yo triunfe. Los demás deben fracasar
En esta vida insensata, ni al rico le sobra plata.
los hombres son de oro y las mujeres de tela.
Las cartas que una mujer desea recibir de un hombre son aquellas que él no debería escribir jamás.
Cual andamos, tal medramos.
Tan rápido como un chisme.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
Ya se pasó ese tiempo en que andaba el culo al viento; hase mudado, y todos lo traen tapado.
Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba pero el tonto sigue.
¿De Aranda, hijo un demonio, y lloras?.
Tanto tiempo en el campo y no conoces el matojo.
El que bien lo sabe, pronto lo reza.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Al perro flaco, todo se le vuelven pulgas.
Al conejo y al villano, despedazarlo con la mano.
Ovejas y muchacha, al atardecer a casa.
El viento que el marinero quiere no sopla siempre.
Abejas sin reina, la colmena en ruina.
Salud y fuerza en el canuto.
Tontos y locos, nunca fueron pocos.
Quien escurre el bulto, se evita el insulto.
A veces perdiendo se gana.
Madre vieja y camisa rota no es deshonra.
Darle castañas al castañero, tiene salero.
Hay alegrías sosas y tristezas sabrosas.
Los pajaritos de arriba, siempre se cagan en los de abajo.
El hábito no hace al monje.
Quien en una piedra dos veces tropieza, justo es que se rompa la cabeza.
Del cobarde, no se ha escrito nada.
El que no tiene dinero en su bolsa, deberá tener palabras agradables en su boca.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
Tres a uno métenle la paja en el culo.
El hombre en la plaza, la mujer en la casa.
Al buen callar, llaman Santo.