Solo en la actividad desearás vivir cien años.
Cuando no hay blanditas, le entramos a las duras.
El que se acuesta con hambre, sueña con viandas.
No es tonto el indio, sino quien lo hace compadre.
Los amigos se eligen, pero no los hermanos.
Para un madrugador, uno que no duerma.
El que a las once no ha “bebío”, viene el Diablo y le dice: “Esto es mío.”.
Un hombre sin calzoncillos es el animal mas indefenso del mundo.
El toro, a las cinco, y el torero, a los veinticinco.
Mejor es un hombre cuya charla permanece en su vientre, que el que la prefiere de manera injuriosa.
El hijo prevenido se abastece en el verano, pero el sinvergüenza duerme en tiempo de cosecha.
Más vale ser cola de león que cabeza de ratón.
Magra olla y gordo testamento.
Indio muerto no tira flecha.
El lunes, ni las gallinas ponen.
La mujer y el vino hacen del hombre un pollino.
Los enemigos del casado son tres: la moda, el modista y la mujer.
La buena cena, temprano suena.
Bestia es, y no persona, quien de lo ganado goza.
Mientras novia, reina; cuando mujer, sierva.
Quien coma la carne, que roa el hueso.
El consejo del padre capuchino: con todo lo que comas, vino.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
Los perros que se pelean contra ellos, se unen contra los lobos.
La ausencia causa olvido.
Cuando vivía, ¡que ya se muera!; cuando murió, ¡qué bueno era!.
No se envía a un muchacho a recoger miel
Calvo vendrá que calvo me hará.
Hacer bailar el trompo en la uña.
La casa del jabonero es toda un resbaladero.
Al que bebe buen vino en jarro, quiébrale el cacharro.
De la panza sale la danza.
Adonde va el violín, va la bolsa.
Lo mucho se gasta, y lo poco basta.
El que apurado vive, apurado muere.
La palabra es playa, el silencio oro.
Julio calorero, llena bodega y granero.
Parto largo, y parto malo, hija al cabo.
La que de treinta no sacó novio, tenga el humor del demonio.
Casa ordenada, casa salvada.
Ir de capa caída.
Benavente, buena tierra y mala gente.
Como vives, juzgas.
El mal del cornudo, él no lo sabe y sábelo todo el mundo.
Hacer de un camino, dos mandados.
Si tu dicha callaras, tu vecino no te envidiara.
Porque un día maté a un perro, mataperros me llamaron.
La mujer casada y honrada, la pierna quebrada.
Pronto será un limosnero el que no puede decir no.
Abad y ballestero, mal para los moros.