De vaca vieja, novilla brava.
El suspiro de una joven se oye desde más lejos que el rugido de un león.
Gato escaldo del agua fría huye.
Al hombre que camina, no se le paran las moscas encima.
Olla sin sal, haz cuenta que no tienes manjar.
Febrero loco y Marzo otro poco.
Bien te quiero, bien te quiero, mas no te doy mi dinero.
Pan duro, pero seguro.
Los refranes y las tejas son cosas de casas viejas.
No puedes esconder el humo si encendistes fuego.
Ni guinda chupada, ni moza besada.
Saber refranes, poco cuesta y mucho vale.
Llamar al gato, gato.
Se las sabe por libro
Un padre sin hijos es como un arco sin las flechas.
Favor con favor se paga
Los pájaros pueden olvidar la trampa, pero la trampa no olvida a los pájaros.
Ya saliste con el chancho al hombro.
Si no tienes a alguien en la casa de los ídolos, no beberás leche de coco
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
Las zorras y las gallinas, malas vecinas.
Hierba mala nunca muere.
Aquí hay mucho cacique y poco indio.
Cuando las arañas unen sus telas pueden matar a un león.
Refranes que no sean verdaderos, y Febreros que no sean locos, pocos.
Que no te den gato, por liebre.
A la vejez, viruelas.
Siempre hay un roto para un descosido.
Mucho ruido y pozas nueces.
Franqueza, la del gallo; que convida a veinte gallinas con un grano.
De refrán y afán pocos se librarán.
Quien calla otorga
El matrimonio está como un cacahuete, hay que romper la cáscara para ver lo que hay dentro.
Nuestro amor es como la llovizna que cae quedamente, pero desborda el río.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
Por muchos pueblos y países anduvimos y, es seguro, de todos alguna cosa aprendimos.
Si no tienes un enemigo dentro, poco podrán hacer los enemigos de fuera.
Las cosas no se arreglan con palabras elocuentes.
Amores nuevos olvidan los viejos.
Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Si te queda el saco.
Si tu mano se cubre de grasa apóyala sobre tus mejores amigos
Despacito por las piedras
Es tiempo de vacas flacas
Araña ¿quién te arañó? Otra araña como yo.
Los refranes no engañan a nadie.
Dios sea loado, el pan comido y el corral cagado.
A juventud ociosa, vejez trabajosa.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
A batallas de amor, campo de plumas.