Si la habilidad podría ser ganada mirando, perros serian carniceros.
A falta de pan, buenas son tortas.
Sobre brevas, ni agua ni peras.
Escucha el silencio... que habla.
El hombre es verdaderamente libre cuando ni teme ni desea nada
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
Solo tres tipos de personas dicen la verdad: los niños, los locos y los borrachos
Muestra gran respeto por tu semejante.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.
Si se ama una cosa y se la ve con los ojos del corazón, se olvidará su fealdad
Donde no hay cabeza todo se vuelve rabo.
Razonar para reñir, es cosa de reír.
Castiga a los que te envidian haciéndoles el bien.
De casi no muere nadie.
Al mal amor, puñaladas.
A la mujer, ni todo el amor, ni todo el dinero.
Matar un tigre.
La riqueza es para el que la disfruta, y no para el que la guarda.
En otoño y en invierno, tiemble el enfermo.
Amar sin padecer, no puede ser.
La venganza es un plato para tomar frío.
La felicidad no es cosa de risa
Quien ha hecho treinta puede hacer treinta y uno
La contemplación del vicio es vicio.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Sin harina no se camina.
Partí una, partí dos, partí tres..., salieron vanas. Las palabras de los hombres son como las avellanas.
A nadie le amarga un dulce.
Si quieres que te siga el perro dale pan
Si el padre es ajo y la madre cebolla, ¿cómo puede oler bien el hijo?
Lobos de la misma camada.
Perdona, antes de que el sol se ponga.
Si vives alegre, rico eres.
La experiencia del pasado, si no cae en el olvido, sirve de guía para el futuro.
Los hombres envejecen cuando sus lamentos reemplazan a sus sueños.
Di poco, pero lo poco que digas, dilo bien.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
En lo ajeno, reina la desgracia.
La esposa, siempre parca, no debe serlo con el marido
Las palabras se las lleva el viento, lo escrito permanece.
Mojarse el potito.
La belleza siempre tiene razón
Del reir viene el gemir.
Alegría y desgracia no son eternas
Ni reprender ausentes, ni adular presentes.
Cuando no sepas que hacer, un refrán te lo puede resolver.
Refranes de los abuelos, breve evangelio.
La flor caída no vuelve a la planta
A quien habla a tus espaldas, el trasero le responde.