Cortesía de sombrero, hace amistades y no cuesta dinero.
Más vale honra sin barcos que barcos sin honra
No tengas como vano el consejo del anciano.
En la desgracia habita la felicidad y en la felicidad se oculta la desgracia.
La paz con una porra en la mano es la guerra
No arrugues si no vas a planchar.
Codicia mala a Dios no engaña.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
A la cabeza, el comer endereza.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
Quien ahorra una peseta cuando puede, tiene un duro cuando quiere.
Qué bien canta María después de la comida.
Bebe el agua a chorro y el vino a sorbos.
Siempre el que más habla es el que tiene menos que decir.
Cuatro pies en la cama y no está padre.
Alguien se puede salvar de un rayo; pero de la raya no.
No hay mayor emoción que la de volver al lugar en que se nació.
El que come y canta loco se levanta.
No hay miel sin hiel.
De oportunidades perdidas se encuentra llena la vida.
La mala costurera, larga la hebra.
La gratitud no es a perpetuidad como los sepulcros.
A buena fe y sin mal engaño, para mi quiero el provecho y para ti el daño.
Más quiero viejo que me ruegue que galán que me abofetee.
Cuando los Estados Unidos estornudan, Europa se acatarra.
Quien mucho habla, a ninguno escucha.
Tras el vicio viene el lamento.
La red justiciera tendida por los cielos es omnipresente, y sus mallas, aunque ralas, no dejan escapar a nadie.
Siempre queda algo de fragancia en la mano que da rosas.
El interés mata la amistad
Jilgueros y ruiseñores, bonísimos cantores.
Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
No se puede estar al plato y a las tajadas.
Abrazo de ciego, golpe seguro.
Quien el incendio busca o se quema o se chamusca.
No basta con que yo triunfe. Los demás deben fracasar
¡Cómo subo, subo de pregonero a verdugo!.
La mujer y la gallina, hasta casa de la vecina.
No se quiebra por delgado, sino por gordo y mal hilado.
Es de bien nacidos ser agradecidos.
El que las hace, las imagina.
Todo lo que brilla, no es oro.
Una mano no aplaude. Dos manos si.
Por San Andrés, corderillos tres.
Siempre habla un cojo cuando hay que correr.
Corrido va el abad por el cañaveral.
Bueno es caer para más valer.
El matrimonio está como un cacahuete, hay que romper la cáscara para ver lo que hay dentro.
Más vale morir de risa que de ictericia.
Por dinero baila el perro y por pan si se lo dan, y no por el son que toca el ciego.