La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
El necio no escarmienta sino en su cabeza.
El que porfía mata venado.
El que tiene peones y no los ve, se queda en calzones y no lo cree.
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
Manchando el nombre de Cristo, algunos hacen buen pisto.
Tres a uno métenle la paja en el culo.
Feliz es la muerte que antes que la llame viene.
Levantar la liebre para que otro la mate es disparate.
Chocolate frío, échalo al río.
Agua que huela, no la bebas.
Ahorra, ahorrador para que gaste el gastador.
La señora ostentación, echa la casa por el balcón.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
Teta que mano no cubre, no es teta, sino ubre.
No es lo mismo predicar que dar cargas de trigo.
Desvestir un santo para vestir otro.
Que aproveche como si fuera leche.
El ignorante al ciego es semejante.
Por San Eugenio, castañas al fuego.
A lo que no tiene remedio, litro y medio.
Ya lo dijo un buen alcalde: en las fiestas todo de balde.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.
Donde hay ganancias las pérdidas se esconden por ahí cerca.
Una carga inclinada no va a llegar a su destino.
Aunque te chille el cochino, no le aflojes el mecate.
Hurtar para dar a Dios, solo el deminio lo aconsejó.
Para el olvido, el ausente no es más que un muerto viviente.
Gallegos y asturianos, primos hermanos.
Buena pata y buena oreja, señal de buena bestia.
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
Alas tenga yo para volar, que no me faltará palomar.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
Coma y beba con sus amigos pero no negocie con ellos.
Al mal año, entra nadando.
En cada corral un solo gallo, y en cada casa un solo amo.
A cada cajón, su aldabón.
Mayo come trigo y Agosto bebe vino.
Beber sudando agua fría, catarro o pulmonía.
Una flecha sola, puede ser rota fácilmente, pero, muchas flechas son indestructibles
Al pino por donde vino.
Anda despacio si quieres llegar lejos.
El que es buen gallo en cualquier gallinero canta.
Por bien o por mal no te quites el sayo hasta San Juan.
El luto de la abuela, corre que vuela, y el del abuelo, lo que dura el duelo.
Una pizca de discreción vale más que un manojo de conocimiento.
El que debajo de una hoja se posa, dos veces se moja.
De la norteña y la tapatía, la primera tuya, la segunda mía.
Actividad cría prosperidad.
Cada arroyo tiene su fuente.