El mundo es de la gente activa
Quien carece de camisa, no está obligado a ir a misa.
La lluvia no se queda en el cielo.
Llevar fuego en una mano y agua en la otra
El nosotros anula el yo.
Cada pez en su agua.
La nieve no rompe las ramas del sauce.
Chaqueteros y ramplones, en cada pueblo, montones.
Mal que me quieren mis comadres porque les digo las verdades; bien que me quieren mis.
La carne ha bajado y los pulmones han subido.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
Cuatro ojos ven más que dos.
Dios castiga sin dar voces.
Quien cava en noviembre, el tiempo pierde.
Abad de zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela.
Aquí paz y en el cielo gloria.
A consejo malo, campana de palo.
La casa esta donde el corazón.
Gallina que no pone huevos, al puchero.
Se coge al toro por los cuernos, al hombre por la palabra y a la mujer por el elogio.
Para hacer el bien no hay que pedir permiso.
Si camina de noche y pica, en el corazón siente una cosita.
Sabe más que Lepe, Lepijo y su hijo.
Donde mengua el trigo, abundan los cerdos
Caballo que llene las piernas, gallo que llene las manos, y mujer que llene los brazos.
A las romerías y a las bodas van las locas todas.
Ni estopa con tizones ni mujer con varones.
Del lobo un pelo.
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
Cría cuervos y tendrás muchos, y encima te llamarán tonto porque una gallina gasta igual y pone huevos.
Poco a poco se cría la muchacha desde el moco.
Más ordinario que una monja en guayos.
Quien nada pide, nada recibe.
Con el buen sol, saca los cuernos el caracol.
El necio dispara pronto sus dardos.
Cada uno arrima el ascua a su sardina.
El lechón de un mes, y el pato, de tres.
A la Virgen, salves; a los Cristos, credos; pero a los cuartos quedos.
Afanes y refranes, herencia de segadores y gañanes.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
No hay que reírse de la felicidad
Hay que saber nadar y guardar la ropa.
El que quiero no me quiere, y el que no quiero me dan.
El valiente de palabras es muy ligero de pies.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
El mal escribano, le echa la culpa a la pluma.
Por San Pedro, cada pastor con su rebañuelo.
Te va a atropellar un carrito de helados.
La ilusión del cazador, a una mentira otra mayor.
El que no sabe nadar, se lo lleva la corriente.