Pan para hoy, hambre para mañana.
Loro viejo no aprende a hablar.
Cuando el marido llega a la casa debe pegarle a su mujer, si él no sabe el motivo, seguramente ella si lo sabe.
Quien sabe amar jamás hace sufrir.
Piedra movediza no cría moho.
Amor que no se atreve, desprécianlo las mujeres.
El que no ama, no se desilusiona.
Manos besa el hombre, que querría ver cortadas.
Más vale un "por si acaso" que un "¡válgame Dios!".
Haz buena harina y no toques bocina.
Mal es sufrir, pero sufrirlo mal es mayor mal.
Cuando habla uno solo, todos escuchan, pero si hablan todos a la vez ¿quién escucha? Proverbio abisinio.
A buen bocado, buen grito.
Dale más de lo que pueda regresar, y al amigo perderás.
Más quiero asno que me lleve que caballo que me tire.
Repartió Dios, y le tocó el cielo.
A cada santo le llega su día.
El bien viene andando, pero el mal volando.
¡Lo que va de lo vivo a lo pintado!.
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
Cuando el guardián juega a los naipes, ¿qué harán los frailes?.
Flor de Marzo, no quiebra el carro.
No puedes privar alagua de correr y a los perros de ladrar.
El dinero del juego muchos lo tienen, pero pocos lo retienen.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
Fraile descalzo se pone las botas de los demás.
Van al mismo mazo.
De noche todos los gatos son negros.
Acabándose Cristo, pasión fuera.
Lo que oyes lo olvidas, lo que ves lo recuerdas, lo que haces lo aprendes.
Agua, viento y cuchilladas, desde la cama.
Libro prestado, perdido o estropeado.
Cuanto más numerosos los abogados, más largo el proceso.
Quiéreme poco pero continúa
Si prestas, o pierdes el dinero o ganas un enemigo.
Yo no sé bailar, pero me sacan mucho.
Guarda bien lo tuyo y no harán ladrón a ninguno.
Centavito a centavito va llenándose el cochinito.
Un señor sí y un señor no, son dos señores.
El que presta a un amigo, pierde el dinero y pierde el amigo.
La mucha tristeza es muerte lenta.
Negocios largos, nunca bien acabados.
Vivir es morir lentamente.
Cada maestrito tiene su librito.
Como poroto de la chaucha.
Dar la última mano.
Cree el ladrón que todos son de su condición.
La prolijidad suele engendrar el fastidio.
De hombres es errar y de bestias porfiar.
El suspiro de una joven se oye desde más lejos que el rugido de un león.