Un momento es más valioso que miles de piezas de oro.
La Cruz, la viña reluz.
A mi, mis timbres.
A batallas de amor, campo de plumas.
La jodienda no tiene enmienda.
El vicio envilece y la virtud ennoblece.
Hija enlodada, ni viuda, ni casada.
Al hombre le falta paciencia y a la mujer le sobra insistencia.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
Quien discretamente se cura, más dura; quien se cura y se curetea, su muerte desea.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
A los viejos les espera la muerte a la puerta de su casa; a los jóvenes les espera al acecho.
Dale que le das; que importunando mucho, algo sacarás.
El que vive de idealismos, muere de pesimismos.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
A la hija mala, dineros y casalla.
Todo lo que es verdadero (lo que tiene raíz), dicen que no es verdadero (que no tiene raíz).
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
Nunca se pierden los años que se quita una mujer; van a parar siempre a cualquiera de sus amigas.
El movimiento se demuestra andando.
La belleza y la tontería, van siempre en compañía.
La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
Dios te guarde de tahonero novel y de puta de burdel.
La mentira nunca muere de vieja.
Hombre de pelo en pecho, hombre de dicho y hecho.
Reñir con quien da ocasión y jugar con quien tiene dinero en el bolsón.
Juntos en las duras y en las maduras.
Ruego de grande, fuerza es que te hace.
Justicia, cosa muy buena; pero no en mi casa, en la ajena.
No dará de culo quien sabe vivir con disimulo.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
Beber, hasta la hez.
Rico que ha sido pobre, corazón de cobre.
Viaje de luna de miel; ni es viaje, ni ves luna, ni es de miel.
Dale al diablo lo que es suyo: lujuria, envidia y orgullo.
El oro se prueba con el fuego; la mujer, con el oro; y el hombre, con la mujer.
Todo lo quiero: consejo y conejo.
Duro como teletubbie en alfombra de velcro.
La mujer buena, inapreciable prenda.
Buena fiesta hace Miguel, con sus hijos y su mujer.
El que todo lo niega, todo lo confiesa.
Pan y vino y carne, a secas.
Los refranes antiguos, evangelios chicos.
El uso es maestro de todo.
Bien a bien o mal a mal, llena tu costal.
Los buenos recuerdos duran mucho tiempo; los malos, más todavía.
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
Los refranes de los viejitos son evangelios chiquitos
En la naturaleza, no hay castigos ni premios, solo consecuencias.