Dios me libre de una manía, aunque sea de misa.
Cuando la vieja se remoza, andar ligera debe la moza.
En Febrero busca la sombra el perro.
El mucho vino, no guarda secreto ni cumple palabra.
Quiéreme poco pero continúa
Agua trae en el cuerpo luna con cerco.
La barca pasa, pero el río queda.
A la pereza persigue la pobreza.
Al gorrino y al melón, calor.
Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
Lo que uno no quiere, otros lo desean.
Acójome a Dios que vale más que vos.
Yo como tu y tu como yo, el diablo nos junto.
Aquí se rompió una tasa, cada quien se va a su casa.
Enemigos me de Dios, y amigos no.
A buenos ocios, malos negocios.
No se llega al alba sino por el sendero de la noche.
Frío es el amigo, y caliente el enemigo.
No puede ser precavida, quien no sabe de la vida.
No hay mula con cuernos, ni mujer discreta.
Agua en cesto, y amor de niño y viento de culo, todo es uno.
Fiar del mozo y esperar del viejo, no te lo aconsejo.
Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
Quien por malos caminos anda, malos abrojos halla.
Me agarro hasta de un clavo ardiendo.
La zorra vieja vuélvese bermeja.
Lo que sea que suene.
A quien ganando no guarda, media albarca; y a quien ni ganar espera, abarca entera.
La honestidad excesiva raya en la estupidez.
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
En toda guerra está mezclada una mujer.
El oficial que no miente, sálgase de entre la gente.
El que se va sin que lo echen regresa sin que lo inviten
El cuchillo no conoce a su dueño.
Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre.
¡Cómo subo, subo de pregonero a verdugo!.
Otoñada segura, San Francisco la procura.
Despacito por las piedras
El que no tiene hijos tiene una pena; el que tiene hijos tiene muchas penas.
Es mejor que una piedra en el ojo y una mordida de puerco en la cara.
Quien dice mal de la pera, ése la lleva.
Todo se pega, menos la hermosura.
Más fácil es caerse que levantarse.
Agarra al toro por los cuernos, al hombre por la palabra.
Quiere meter la cuerda y sacar listón.
El que no habla, Dios lo hizo mudo.
De Jaén, o fuleros o malajes.
De la mala mujer no te guíes y de la buena no te fíes.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.