Es más infeliz que una mata de habas.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
El corazón no sabe mentir
Quien mucho escucha, su mal oye.
La verdad al censurado, siempre causa desagrado.
Cien amigos son pocos; un enemigo es mucho.
O todos moros o todos cristianos.
Busca una luz en lugar de estar maldiciendo eternamente la oscuridad.
Hay que dejar ir al mundo como va
O al puente o al vado, si no hemos de pasar a nado.
Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada.
Sin padrino no hay bautizo.
El tiempo es oro.
Los cojones del cura de Villalpado, los llevan cuatro bueyes y van sudando.
Hay que convivir; pero no conbeber.
¿Qué entiende el Conde de calar melones?.
Ver y no tocar, se llama respetar.
El día de San Ciruelo, pagaré lo que debo.
Los burros prefieren la paja al oro.
Hombre con hambre, no sabe lo que hace.
Dinero llama a dinero.
Ninguna maravilla dura más de tres días.
Quien bien te quiere te hará llorar; quien mal, reír y cantar.
Callando el necio, se hace discreto.
La mujer y la sardina, cuanto más salada más dañina.
No digas cuatro hasta que no lo tengas en el saco
Abad avariento, por un bodigo pierde ciento.
Nada es fácil para el falto de voluntad.
El tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos.
Irse con la soga entre los cachos.
Quien es más escogedor, se va siempre a lo peor.
Cuando alguien tiene un vicio, o se caga en la puerta o se caga en el quicio.
Dos bueyes machos no viven en una misma cueva.
Una obra mala, con una buena se paga.
Rapados y por rapar, todos han de pagar.
Mucha auga en Mayo, malogra el año.
Ni el caballero buen consejo, ni el letrado buen encuentro.
Es lo peor poner a un indio a repartir chicha.
Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.
Reino dividido, reino perdido.
Mal viene el Don con la carga de paja.
Una cena sin vino, es como un día sin sol.
Guárdese el cojo y no eche la capa al toro.
Todos: mozos, viejos, reyes y pastores estamos sujetos a sentir amores.
Alquimia muy probada es la lengua refrenada.
En el amor como en las armas la confianza pierde al hombre.
Donde no hay escritura, no hay obligación. Porque las palabras se las lleva el viento.
Con los años viene el seso, y se va el sexo.
Los hombres, a la vejez, tornan a la niñez.
Tetas y sopa no cabe en la boca.