Los extremos nunca son buenos.
La sabiduría viene de escuchar, de hablar el arrepentimiento.
Ni tan corto que no alcance, ni tan largo que se pase.
El mozo perezoso, por no dar un paso da ocho.
Tal hay que se quiebra los dos ojos porque su enemigo se quiebre uno.
Cada loco con su tema y cada cuerdo con su apotema.
Echéme a dormir y espulgóme el perro, no la cabeza sino el esquero.
Algo es algo, dijo el calvo, cuando un pelo le salió.
El hilo siempre se corta por lo más delgado.
Pan y vino y carne, a secas.
Tapar el pozo después de que el ternero se haya ahogado
Al que se hace de miel, las moscas se lo comen.
Las penas, o acaban, o se acaban.
Chocolate que no tiñe, claro está
El universo no es más que una enorme ciudad, llena de seres, divinos y humanos que por naturaleza se aman unos a otros.
Predica la fe hasta que consigas tenerla, luego predicarás sobre la que tienes
De un perro roñoso no pueden nacer perros lobos
La primavera la sangre altera.
Esto está color de hormiga.
Cabeza chica, nunca es calva; mucha cabeza poco pelo.
La sugestión obra.
El pan bien escardado hinche la troja a su amo.
El que juega con el tabernero o está loco o le sobra el dinero.
El dormir y el comer, hermanos han de ser.
Cuerpo en la cama, sino duerme, descansa.
El que sabe, sabe y el que no aprende.
Un coloño bien atao, evita dos mandaos.
Si tú entiendes, las cosas son como son; si tú no entiendes, las cosas son tal como son.
El cielo escucha las plegarias del corazón, no de la voz.
El rocín a la crin, y el asno, al rabo.
La mujer y la gallina, hasta casa de la vecina.
En el país de ciegos, el tuerto es rey.
El yerro encelado, medio perdonado.
Cuando el niño dienta, la muerte tienta.
La flor de loto asoma inmaculada del fango.
Cabellos y problemas no faltan nunca.
Ni tengo padre, ni madre, ni perro que me ladre.
Mal de muchos, epidemia.
Hoy robas un huevo, mañana robas un buey.
La mujer rogada y la olla reposada.
La casa la hace el hombre y el parentesco la mujer.
Entre el león y el ratón no cabe comparación.
La envidia es carcoma de los huesos.
Cada cual mire por su cuchar.
Donde manda el amo se ata la burra.
Si el liso viera y la víbora oyera no habría hombre que al campo saliera.
Al hombre de trato llano, gusta darle la mano.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
Virtud da la vida y el vicio la quita.
Pájaro que comió, pájaro que voló.