Juan de las Bragas, si no quieres que te lo digan, no las hagas.
La liebre adiestrada, presto sale a la vereda.
Mujer y sardiña, ni la mayor ni la más pequeniña.
El que no cojea, renquea.
El que dice tener palabra, al final no te cumple nada.
¿Tú liebre, y vas a cazar?.
Cada uno tiene su cada una, y cuando no, la busca.
Dicen y dirán que la pega, no es gavilán.
La mentira es animal de quinta vida.
¿Qué criatura no tiene un ramito de locura?
Hacerse el de la oreja mocha.
A quien se hace el sordo, barreno gordo.
Entre perros y gatos lamen todos los platos.
Ser el último orejón del tarro.
Un clavo saca a otro clavo.
Las novedades son la sal de la vida.
Moza franca, bien juega el anca.
Los vicios no necesitan maestro.
Los tontos hablan mucho y no dicen nada.
La mujer lunarosa, de suyo es hermosa.
Más doblado que carpa de camión.
Quien tiene la cabra, ese la mama.
Con una palabra se repara una deuda de 1000 nyang.
Zapatazo que le duela, a quien sin llamar se cuela.
Donde la malicia sobra, falta el entendimiento.
Una familia unida come del mismo plato.
Gallina que no come, no pone.
Hablar por referencias es casi mentir.
Llanto de viuda, presto se enjuga.
Lo tragado es lo seguro.
Quién no tiene de Inga tiene de Mandinga!
Regla para bien vivir, callar después de ver y oir.
El vino por el color, el pan por el olor y todo por el sabor.
El viejo y el horno por la boca se enciende.
A barba muerta, obligación cubierta.
Dicen que la educación se mama.
El zorro pierde el pelo, pero no las mañas.
Barba a barba, vergüenza se cata.
La voz del asno no pasa del tejado.
Quien hace los mandados que coma los bocados.
A la mujer y a la suegra, cuerda.
El luto de la abuela, corre que vuela, y el del abuelo, lo que dura el duelo.
Más vale una imagen que cien palabras.
Ni llueca eches que pollos saques.
Ave de mucha pluma poco tiene que comer.
Cochino fiado, gruñe todo el año.
Primero, pensar y después, hablar.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
La mujer baja la voz cuando quiere algo, pero la sube al máximo cuando no lo consigue.
Sacar del horado la culebra con la mano ajena.