El corazón del ñame solo lo sabe el cuchillo.
Burro pequeñín, siempre nuevecín.
Bien parece la moza lozana bajo la barba cana.
Clérigo de noche, villano en gavilla y gitano en cortés, lejos los tres.
Afición que más daña que aprovecha, enseguida se desecha.
Vida de campo, hombre sano; vida de pueblo, hombre enfermo.
Variante: De casta le viene al galgo el ser rabilargo.
¿Compare, la burra, pare o no pare?.
Si cuidas tus centavos, tus millones se cuidarán solos.
No nada más de pan vive el hombre.
Vivirás dulce vida si refrenas tu ira.
Jurar ves magaña, quien jura te engaña.
Es más fácil ser Doctor, a veces, que ser Señor.
Amor, con amor se cura.
Vaca de dos amos, ni da leche ni come grano.
Pequeña hacha derriba un roble.
Buey viejo mal tira, pero bien guía.
Burgáles, mala res.
A veces vivimos nuestra vida sintiéndonos encadenados, sin saber que nosotros tenemos la llave.
A quién le dan pan, que llore.
Fruta de huerta ajena, es sobre todas buena.
No está el que fía, porque salió a dar palos a uno que le debía.
Gallo que mucho canta....no cria manteca.
Hierba mala nunca muere.
Bailar con la más fea.
Por San Martín, siembra el ruin, y la vieja que lo decía ya sembrado lo tenía.
Si quieres el perro, acepta las pulgas.
Mira a tu suegra, así será tu mujer de vieja.
Lecho y pan tener seguros, aún cuando sean algo duros.
La suerte está echada.
Domingo de Ramos, el que no estrena no tiene manos.
Te pido hojas y me traes ramas.
Dios escribe derecho, por renglones torcidos.
En hacer bien nunca se pierde.
Una es la cuenta del borracho, y otra la del tabernero.
La hierba que está para un burro, no hay otro que se la coma.
Chapucero es el barbero que deja rasposo el cuero.
A chico pajarillo, chico nidillo.
Creer a pie juntillas.
En cada tierra su uso, y en cada casa su costumbre.
No basta ir a pescar peces con buena intención. También se necesita llevar red.
El que paga a lo primero, pierde a lo postrero.
Si tienes un sirviente perezoso, pon la comida delante de él y mándalo a un recado.
Aunque los bosques de bambú son densos, los flujos de agua son libres en ellos.
Cada uno quiere llevar agua a su molino y dejar seco el de su vecino.
Agua, poca, y jamón, hasta la boca.
Un jesuita y una suegra saben más que una culebra.
La excepción no hace la regla, sino que estará fuera de ella.
La liebre es de quien la levanta, el conejo de quien lo mata.
Hasta el ladrón desconfía del ladrón.